Ciudadano en Cuba cultivando parcela urbana
Recientes publicaciones por ABC News y The Mercury News de California, basadas en el reporte de Niko Price del Associated Press, alaban el tremendo éxito del modelo agrícola urbano en Cuba. Por este reportaje nos enteramos que esta urbanización agrícola produce la mayoría de los vegetales en Cuba y ha creado 350,000 empleos. Es tal el éxito que hoy en día el cubano, según esta fuente, come más calorías que la recomendada por el gobierno de los Estados Unidos para sus ciudadanos. Pero no solo hay beneficios alimenticios sino, nos explica el artículo, también trae ventajas sociales y ecológicas. Citando a Beat Schmid, coordinador del programa de asistencia caritativa a Cuba del Oxfam International, nos informa que “Cuba tiene mucho que enseñarle al mundo. La agricultura urbana es uno de estos.” Pero esto no es todo, para el agricultor vienen las ganancias financieras. Este puede quedarse con el 80% del lucro de las ventas, lo que significa que puede esperar ganar un average de $71 mensuales, un sueldo mayor que el de un médico en Cuba.
Este panorama agrícola es tan acogedor que uno se imaginaría que contaría con el apoyo de los cubanos; sin embargo, pudiéramos considerar que el cubano en Cuba responde con cierta desconfianza a estos planes agrícolas. Por ejemplo el periodista independiente Oscar Espinosa Chepe escribe a continuación que Cuba importa el 84% de los alimentos que consume y según Siegel Online, citando a Granma, Cuba importó $1.7 billones en comida. Esto le hace pensar a uno que quizás este éxito que reporta Niko Price es algo exagerado. Pero lo que mas le preocuparía al ciudadano en Cuba es que, como nos dice Chepe, en Cuba “todavía no se conoce en detalle cómo se realizará la apertura.” También se desconoce en Cuba “si las áreas otorgadas pudieran cultivarse y comerciarse las cosechas en un ambiente de libertad.” Es posible, mas bien es de esperar dado la censura que sufre el cubano, que el extranjero como Niko Price tenga acceso a información que a Chepe se le prohíbe y por lo tanto el extranjero maneja más detalles y de ahí una visión distinta. Pero su articulo también atrae cierta sospecha ya que al corresponsal de la AP no se le ocurrió entrevistar a un periodista independiente para tener una visión mas amplia de esta realidad.
Sobre el alcance del cubano a los productos alimenticios que describe el reporte de la AP, es instructivo lo que escribe otro periodista independiente en Cuba, Reinaldo Cosano Alén. En este artículo, que se puede leer a continuación, él describe el problema de cuantiar los vegetales en los mercados dado la escasez de balanzas en el país (en realidad el mercado es un camión que de repente aparece en el barrio). Ahí leemos que cuando llego el vehiculo con las frutas y vegetales, “la gente, contenta, acudía al lugar apresuradamente. Parecía una alucinación tantos plátanos y calabazas juntos, y un montón de habichuelas y ajíe.” Continua explicando que el ciudadano tenia “el temor de que pronto se acabarían las mercancías del mágico camión.” La conclusión que uno saca del artículo de este cubano es algo conflictiva con el éxito que describe Niko Price y que reprodujeron varias publicaciones en el extranjero.
José A Hernández, MD
Presidente, CubaResponde
A continuación los artículos de Oscar Espinosa Chepe y Reinaldo Cosano Alén, periodistas independientes en Cuba.
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1) Cuba, ¿hacia una reestructuración agraria? – Oscar Espinosa Chepe
2) Plátanos y calabazas – Reinaldo Cosano Alén
ECONOMÍA Y SERVICIOS NACIONALES
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CUBA¿ HACIA UNA REESTRUCTURACION AGRARIA ?
Cuba, ¿hacia una reestructuración agraria?
Por Oscar Espinosa Chepe
Economista y periodista independiente cubano.
…la distribución de la propiedad y el cambio de tierras estériles en tierras productivas, aunque lastime preocupaciones de partidos y añosos intereses tradicionales, es causa inmediata de la riqueza del país, lograble fácilmente con la creación de muchos pequeños propietarios…
José Martí
La Habana — Si en algún tema existe un amplio consenso en Cuba, es el referente a la necesidad de una urgente reestructuración agraria que saque al país de la peligrosa crisis alimentaria en que se encuentra.
Desde el presidente Raúl Castro y otros altos dirigentes hasta el más simple ciudadano están conscientes de que resulta indispensable un cambio radical en la agricultura. Hoy Cuba importa el 84% de los alimentos que consume, mientras que la mayoría de las tierras cultivables están ociosas o subutilizadas en grado máximo.
Resultan alentadores los anuncios de que se iniciarán reformas mediante la entrega de tierras y recursos a quienes deseen cultivarlas, así como la descentralización de las instituciones encargadas de dirigir la agricultura mediante la creación de entidades municipales más cercanas a los productores. Sin embargo, todavía no se conoce en detalle cómo se realizará la apertura, ni las formas como se entregarán las parcelas, aunque se avizora la probable entrega en usufructo. Variante que en una primera etapa sería aceptable si se garantizara la permanencia en la tierra a los nuevos agricultores y la cesión a sus descendientes, así como si las áreas otorgadas pudieran cultivarse y comerciarse las cosechas en un ambiente de libertad.
Tampoco se ha informado la cantidad de tierra que será entregada a cada persona. Existe el riesgo de que sean cantidades insuficientes, que no permitan la debida rotación de los cultivos y la aplicación de la técnica a una escala rentable, lo cual crearía una fragmentación lesiva al futuro agrícola.
En un país regido estrictamente por un único partido político, está presente el peligro de que en las entregas de tierra prevalezcan criterios clientelistas e ideológicos en vez de la búsqueda de personas emprendedoras, decididas a producir alimentos en forma racional, eficiente y sustentable.
También se ha hablado sobre medidas para mejorar la comercialización de los productos del campo, pero sin especificar cómo serán aplicadas. Hoy un alto porcentaje de los productos agrícolas se pierde en los campos por no ser recogidos a tiempo, y muchos acopiados se deterioran en el trayecto al consumidor.
En cuanto a las grandes áreas de tierras ociosas o mal utilizadas, existen organizaciones como las Uniones Básicas de Producción Cooperativas (UBPC) que nacieron con ”problemas genéticos”, según señalara un economista cubano, ya que se establecieron sin tener en cuenta las opiniones de sus supuestos creadores y miembros. Estas 1,500 falsas cooperativas creadas arbitrariamente el 20 de septiembre de 1993, poseen 2,489,200 hectáreas, de las cuales la quinta parte está ociosa y el 31% son pastos naturales en muy mal estado. Los rendimientos agropecuarios obtenidos en sus cosechas son sumamente bajos, salvo excepciones, muy por debajo de los logrados por agricultores privados, a pesar de contar con más recursos. Todo esto provoca que el 60% de las UBPC se hayan mantenido con altas pérdidas económicas desde su fundación, requiriendo constantemente asignaciones financieras del presupuesto –casi siempre irrecuperables– para continuar una ineficaz gestión nociva a los intereses económicos de la nación.
Cuando se habla de repartir las tierras entre quienes deseen cultivarlas, las UBPC son fuente de tierras para distribuir, incluyendo la posibilidad de que algunas áreas puedan ofrecerse a la inversión foránea. Recientemente la ministra de Inversiones Extranjeras y Colaboración Económica, Marta Lomas, afirmó que el gobierno estudia ampliar las inversiones extranjeras en la agricultura y desmantelar las cooperativas campesinas ”totalmente ineficientes” como parte de las medidas para aumentar la producción de alimentos. Añadió que ”estamos actualmente estudiando algunas propuestas de negocios en la agricultura.” Esta noticia es positiva, pues Cuba también necesita capital, mercados y tecnología para modernizar el sector agropecuario. En particular la obtención de tecnología avanzada debería priorizarse.
Habría también que movilizar fuentes internas de recursos financieros, mediante la creación de esquemas ágiles, como organizaciones bancarias especializadas en el sector agropecuario, donde el estado podría participar activamente con sus fondos para ofrecer préstamos y otros servicios.
Objetivamente, no existe contradicción entre crear una sólida base de productores nacionales de alimentos y la inversión extranjera. Por el contrario, la participación foránea en nuestros campos, correctamente seleccionada y sobre la base del respeto a nuestros intereses, podría incidir en el incremento de la eficiencia y la productividad en la producción de caña de azúcar, arroz, hortalizas, viandas, frutales, granos en general, leguminosas, plantas oleaginosas, leche y carne.
Tampoco debe excluirse la inversión extranjera en la comercialización de los productos agropecuarios junto a las empresas del gobierno y la iniciativa privada nacional. Cuba no tiene suficiente capital, tecnología ni mercado, por lo cual deberá recurrir sin absurdos prejuicios a racionales dosis de participación extranjera sobre bases justas. Asimismo, siempre que sea posible, deben promoverse vínculos directos entre los productores agropecuarios y los grandes consumidores, como pueden ser las cadenas turísticas nacionales y extranjeras, evitándose de esa forma intermediarios innecesarios.
La reestructuración agraria requiere urgente aplicación. Condiciones para triunfar existen: tierras ociosas y personas capacitadas. Sólo deben abandonarse obsoletas concepciones y establecer un ambiente promotor del trabajo y la creatividad.
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2) Plátanos y calabazas
Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press
LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanet.org) – Un camión repleto de plátanos y calabazas se posesionó de la esquina de Quinta Avenida y calle 486, en Guanabo, municipio Habana del Este, durante dos días.
La gente, contenta, acudía al lugar apresuradamente. Parecía una alucinación tantos plátanos y calabazas juntos, y un montón de habichuelas y ajíes (nunca se aclaró que eran picantes).
A la mano la oportunidad de ahorrar unas pesetas, con el temor de que pronto se acabarían las mercancías del mágico camión. Plátanos maduros a dos pesos cada uno, grandes, menos grandes, medianos; calabazas a un peso cincuenta la libra; habichuelas a dos, y los ajíes a cinco pesos el “jarro”. Era todo. Y mucho era.
Nadie miraba los precios en la pizarra. ¿Para qué? Era una pizarra mentirosa porque estaba escrito: Plátanos: dos pesos la libra. Los del camión los vendían por unidad. Otro tanto ocurría con las calabazas. Las pesaban si era mucha la diferencia de tamaño, si no, el vendedor la tomaba en sus manos y declaraba al cliente el precio en alta voz. Prodigio de la naturaleza, las manos del hombre convertidas en pesas de precisión.
¿Y los ajíes? La pizarra indicaba el precio. A tanto el j. Pero nadie entendía si era una j o una l: un jarro o una libra. Pero se vendió el ají por jarros. ¿Las habichuelas? Por mazo, ristra, u otra medida.
Las unidades de producción y venta, en muchas ocasiones, alegan no tener pesas, o las esconden en beneficio propio y en detrimento del bolsillo del consumidor.
Sólo una entidad agrícola, la Unión Nacional de Acopio, dice tener un déficit de 3 mil básculas. La escasez y deficiente funcionamiento de las balanzas están generalizados. Algunas tienen hasta setenta años de uso. Las pocas adquiridas en el exterior por el estado se emplean en tiendas recaudadoras de divisas, y nunca en bodegas, carnicerías y mercados agrícolas.
Nadie sabe explicar qué pasó con la fábrica de balanzas que Cuba compró a Checoslovaquia en la década de 1960, y que llegó a producir algunas pesas.
De todos modos, hay que reconocer la buena atención de los vendedores del camión que aterrizó en Guanabo. Lo otro de que si por unidad, jarro, mazo o ristra; que si algunos pesitos engordaron los bolsillos de la cooperativa. Son minucias entre familia que no vale la pena recordar. ¡Ojalá, y pronto, aterrice de nuevo el camión de las viandas!
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