Categories
Search
Archive

You are currently browsing the archives for the Cuba - personalidades de la historia de Cuba category.

Archive for the ‘Cuba - personalidades de la historia de Cuba’ Category

Padre José Conrado Rodríguez - Carta abierta al General de Ejército Raúl Castro Ruz,

Sunday, February 8th, 2009

Escrito por Padre José Conrado Rodríguez   

(José Conrado  Escrito por: Yoani Sanchez en Generación Y , Febrero,8,2009)

jueves, 05 de febrero de 2009

 El sacerdote católico José Conrado Rodríguez Alegre, de la parroquia Santa Teresita del Niño Jesús en la Arquidiócesis de Santiago de Cuba, ha escrito y hecho pública esta Carta Abierta al General de Ejército Raúl Castro Ruz. El portal Desde Cuba se complace en darla a conocer a sus lectores, haciendo saber que no existen inconvenientes para que se reproduzca en cualquier medio dentro o fuera de Cuba.

Carta abierta al General de Ejército Raúl Castro Ruz, - enlace

Presidente de la República de Cuba.

Estimado Señor Presidente:

 Hace quince años me atreví a escribirle al entonces jefe del Estado cubano, Doctor Fidel Castro Ruz, por aquel entonces Presidente de nuestro país. La gravedad de aquella hora me lo impuso como un deber para el bien de la Patria. La gravedad de esta hora me impone escribirle a Ud. para hacerle partícipe de mis preocupaciones actuales. ¿Debo acaso describirle la situación de nuestro país? La crisis económica afecta a todos los hogares y hace que las personas vivan angustiosamente preguntándose: ¿qué voy a comer o con qué me voy a vestir? ¿Cómo conseguiré lo más elemental para los míos? Las dificultades de cada día se tornan tan aplastantes que nos mantienen sumidos en la tristeza y la desesperanza. La inseguridad y el sentimiento generalizado de indefensión provocan la amoralidad, la hipocresía y la doble cara. Vale todo porque nada vale, más que la sobrevivencia a todo precio, que luego descubrimos que es “a cualquier precio”. De ahí que el sueño de los cubanos, en especial de los más jóvenes, sea abandonar el país. 

Parecería que nuestra patria está ante un callejón sin salida. Como hombre de fe, sin embargo, yo creo que Dios jamás nos pone ante situaciones absolutamente desesperadas. Creo firmemente que nuestro camino como nación y como pueblo, no acaba en un precipicio ineluctable, en una realidad de desgracia irreversible. Siempre hay una solución, pero se necesita  audacia para buscarla y encontrarla. En sus recientes y urgidos llamamientos a trabajar con tesón incansable creo reconocer una peculiar y certera percepción de la gravedad del momento, pero también, que Ud. considera que la solución depende de nosotros.  Pero como decía aquel slogan convertido en chiste… “No basta decir pa’lante, hay que saber pa’ dónde”.

Hemos vivido culpando de nuestra realidad al enemigo, o incluso a los amigos: la caída del bloque de países comunistas en Europa del Este, junto con el embargo comercial de los Estados Unidos se han convertido en el totí que carga con todas nuestras culpas. Y esa es una cómoda pero engañosa salida ante el problema. Como decía Miguel de Unamuno, “solemos entretenernos en contarle los pelos que la esfinge tiene en su cola, porque nos da miedo  mirarla a los ojos”. 

No basta, General, con resolver los problemas, ciertamente graves y urgentes, de la comida, o del techo, que en los recientes huracanes, tantos compatriotas acaban de perder “con sus pobres enseres: miedos, penas”. Estamos en un momento tan crítico que debemos plantearnos una profunda revisión de nuestros criterios y de nuestras prácticas, de nuestras aspiraciones y de nuestros objetivos. Y aquí cabría, con todo respeto, recordar aquellas palabras que nuestro Apóstol nacional José Martí le escribió al Generalísimo Gómez en una situación en cierto modo semejante: “No se funda un pueblo, general, como se manda un campamento”.     

El mundo está cambiando. La reciente elección de un ciudadano negro para ocupar la primera magistratura de un país antiguamente reconocido como racista y violador de los derechos civiles de los negros, nos dice que algo está cambiando en este mundo. La encomiable y fraternal preocupación de nuestros hermanos del exilio ante los fenómenos meteorológicos que recientemente han golpeado a nuestro pueblo, y su ayuda generosa, desinteresada e inmediata, son el signo de que algo está cambiando entre nosotros. El gobierno cubano que Ud. hoy encabeza, debe tener la audacia de encarar esos cambios con nuevos criterios y nuevas actitudes. 

 

Nuestro país ha reaccionado con valor cuando un gobierno foráneo ha querido inmiscuirse en nuestros problemas nacionales. Sin embargo, cuando se trata de la violación de los Derechos Humanos, no solo los gobiernos, sino hasta las personas individuales, los simples ciudadanos, de dentro o fuera del país, tienen algo que decir. En su Carta desde la Cárcel de Birminghan, Martin Luther King dijo: “La injusticia particular es una amenaza a la justicia universal. Estamos atrapados en una red ineludible de reciprocidad, unidos en un único tejido del destino. Lo que afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente”. Tenemos que tener la enorme valentía de reconocer que en nuestra patria hay una violación constante y no justificable de los Derechos Humanos, que se expresa en la existencia de decenas de presos de conciencia y en el maltrecho ejercicio de las más elementales libertades: de expresión, información, prensa y opinión, y serias limitaciones a la libertad religiosa y política. El no reconocer estas realidades, para nada favorece nuestra vida nacional, y nos hace perder el respeto por nosotros mismos, a nuestros ojos y a los ojos de los demás, amigos o enemigos.

La causa de la paz, interna y externa, y la prosperidad misma de la nación, se enraízan en el respeto incondicional a esos derechos que expresan la suprema dignidad del ser humano como hijo de Dios. Y guardar silencio sobre esta realidad, pone sobre mi conciencia un peso tal, que no me siento capaz de soportar. Y ésta es para mí, mi manera de servir a la verdad y de ser consecuente con el amor que siento por mi pueblo.

Le confieso, general, el disgusto y la tristeza que me ha causado saber que nuestro gobierno ha rechazado, al parecer por razones ideológicas o de diferencias políticas, la ayuda que querían enviar EEUU y varias naciones europeas, para los damnificados por los ciclones que azotaron nuestra tierra. Cuando uno cae en desgracia, (y eso le puede suceder a cualquiera, también a los poderosos), es la hora de aceptar la ayuda que se brinda, porque esa ayuda revela un fondo de buena voluntad ante el dolor, de solidaridad humana, incluso en aquellos que considerábamos nuestros enemigos. Darle la oportunidad al oponente de ser bueno y de hacer lo justo,  puede sacar a flote lo mejor de nosotros mismos, y del otro, haciéndonos cambiar viejas actitudes y curar resentimientos dañinos. Nada contribuye más a la paz y la reconciliación entre los pueblos que este saber dar y recibir. La frase de San Francisco de Sales, válida en las relaciones interpersonales, también lo es entre países: “más moscas se cazan con una gota de miel, que con un barril de vinagre”. Como dijo su Santidad Juan Pablo II en su visita a nuestro país: “que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”. Pero si seguimos con las puertas cerradas nadie podrá entrar, por más que lo desee. Un signo de esperanza para mí es la participación y mayor espacio que se le ha dado a CARITAS para ayudar a nuestro pueblo. Eso merece un especial reconocimiento y es un cambio positivo y esperanzador. 

Créame, Señor Presidente, no le escribo para presentarle una lista de quejas y agravios sobre nuestra realidad nacional, aunque si así lo hiciera esa lista podría ser muy, muy larga. La verdad, he querido hablarle de cubano a cubano, de corazón a corazón. Un gran amigo mío sacerdote, ya fallecido, solía decirme: “un hombre vale lo que vale su corazón”. En el entierro de su esposa, al verlo a Ud. rodeado de sus hijos y nietos, conmovido hasta las lágrimas, yo percibí que es Ud., un hombre sensible. Y yo pienso que mayor sabiduría hay en el corazón de un hombre bueno que en todos los libros y bibliotecas de este mundo, pues como dice la canción: “lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más alto proceder, ni el más ancho pensamiento…”. Por eso apelo a su sentido de responsabilidad, a su bondad, para decirle que no tenga miedo, que sea audaz en emprender un nuevo camino diferente en un mundo que está dando tantas señales de cambiar a mejor.  Como le dije a su hermano hace 15 años, todos los cubanos somos responsables del futuro de la patria, pero por el cargo que Ud. ocupa, por el poder que ahora tiene, esa responsabilidad recae de manera especial en Ud. 

Si Ud. decide emprender ese camino de esperanza, cuente conmigo, general. Me tendrá en primera fila, para ofrecerle a Cuba, una vez más, lo único que tengo: mi corazón; y a Ud. mi mano franca y mi colaboración desinteresada. Así haremos realidad el sueño martiano de hacer  una patria “con todos y para el bien de todos”.

Quiero terminar con unas palabras que dijo nuestro actual Papa, Benedicto XVI en 1968: “Aún por encima del Papa como expresión de lo vinculante de la autoridad eclesiástica, se haya la propia conciencia, a la que hay que obedecer la primera, si fuera necesario incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica”. Si eso vale para la autoridad eclesiástica cuyo origen considero divino, vale para toda otra autoridad humana, por poderosa que ésta pueda ser. Con mis mejores votos,

José Conrado Rodríguez Alegre, Pbro.

Párroco de Santa Teresita del Niño Jesús.

Un americano perdido en la historia de Cuba

Sunday, January 4th, 2009

La historia de Paul Hughes

Publicado el sábado 03 de enero del 2009

El Nuevo Herald - enlace con artículo original

GERARDO REYES

Un bombardero B-26 volaba a baja altura sobre el centro de Cuba en el atardecer del 1ro. de enero de 1959 al mando de un piloto estadounidense que buscaba con desesperación una pista donde aterrizar el destartalado avión en el que había salido de Miami con cuatro jóvenes antibatistianos.

Cuba era un caos. El dictador Fulgencio Batista había salido de la isla en la víspera y el revolucionario Movimiento 26 de Julio, al mando de Fidel Castro, tomaba las riendas del poder.

Después de varios intentos, el piloto Paul Hughes decidió aterrizar en una corta pista del aeropuerto de Trinidad en medio de ráfagas disparadas desde el campanario de la catedral del pueblo por combatientes del Segundo Frente Nacional del Escambray, que confundieron el aparato con un avión de la dictadura.

Con pañuelos blancos ondeados desde la cabina los ocupantes persuadieron a los guerrilleros para que suspendieran el ataque y de los tiros se pasó a los abrazos de bienvenida a los amigos de insurrección que iban a bordo del avión: allí estaban el médico Armando Fleites, comandante del II Frente Nacional del Escambray, el arquitecto Rafael Uguet, líder revolucionario que conspiraba desde Miami así como Juan Diego Cobelo, también médico, y Pupy Padrón, ambos del Movimiento 26 de Julio que se habían exilado en la Florida.

Aterrizar un bombardero sin insignias en un país en guerra parecía entonces una aventura pasajera de jóvenes temerarios, pero esa osadía se convirtió para los ocupantes del avión en un punto de intersección de sus destinos que cambió sus vidas para siempre.

“Fue un vuelo sin retorno de unos locos que Dios quiso proteger”, comentó Fleites. ‘‘Pero al mismo tiempo fue nuestro Granma [en referencia a la embarcación insignia del Movimiento 26 de Julio], un avión en el que regresé con una misión cumplida”.

Cada uno de los pasajeros tomó su camino. Fleites y Uguet comprobaron el frustrado saldo de sus sueños políticos desde las dos orillas de la historia de la revolución cubana, luchando con Castro y contra Castro; Cobelo y Padrón se quedaron en la isla y desempeñaron altos cargos ministeriales.

Sólo uno de los protagonistas del vuelo nunca pudo hacer el balance. El veterano Hugues desapareció el Día de las Brujas de 1960, luego de salir de un aeropuerto de Fort Pierce, Florida, comandando un avión robado en el que llevaba tres bombas marcadas con los nombres de tres amigos fusilados por Castro para soltarlas en La Habana, una de ellas sobre el Palacio Presidencial.

Unas fotografías tomadas horas antes antes de la salida del vuelo por la revista Life, fueron los últimos datos ciertos y seguros que se supieron de Hughes.

Hoy, casi 50 años después, su esposa Bernice y sus hijos — cuatro mujeres y un varón — no saben lo que ocurrió con el piloto desaparecido a los 32 años de edad.

Los hallazgos de la familia están hechos de retazos de recuerdos que han rogado a testigos voluntarios y reticentes y de lo que han leído en documentos oficiales, algunos densamente censurados por los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

Donde hay lagunas y dudas en torno a la vida de Hughes, la gente les ha contado leyendas.

Encarcelado por la policía revolucionaria cubana; acusado de planear una invasión a Nicaragua y un bombardeo en República Dominicana; autor de incendios de plantaciones de azúcar en la Cuba postrevolucionaria; señalado como sospechoso de haber delatado un desembarco anticastrista a la isla que desencadenó la ejecución de tres norteamericanos, y considerado por la embajada de Estados Unidos en La Habana como un informante, Hugues continúa siendo una incógnita para su propia familia que aún espera una respuesta sobre su paradero.

“Estos años de búsqueda han sido un proceso frustrante pero también curativo porque durante mi infancia mi familia pensaba que él era un loco delincuente, pero ahora pienso que era parte de una historia más grande, y nosotros no sabemos esa historia cómo fue”, comentó Karen Hughes.

Se agrega a la intriga que algunos documentos desclasificados reflejan que durante 1959 y parte de 1960, Hughes pasó información al gobierno de Estados Unidos — especialmente al agregado naval de la embajada en La Habana — acerca de las operaciones revolucionarias y del régimen de Castro.

Basándose en los recuerdos de sus compañeros, en entrevistas con Karen, quien vive en California, y en documentos de los Archivos Nacionales de Washington, El Nuevo Herald reconstruyó los episodios, casi todos inéditos, de la intensa vida de este piloto veterano de la guerra de Corea, a quien la historia de Cuba escasamente le ha concedido un pie de página.

En su juventud, Hughes fue un muchacho travieso que jugaba en la frontera de la delincuencia juvenil pero sin ánimo de hacerle daño a nadie, según Karen. Hacía cosas como robarse un jeep militar para pasear a sus amigos.

Cuando se marchó a la guerra de Corea como piloto era una persona comunicativa, pero a su regreso se transformó en hombre introvertido.

“Algo pasó, no sabemos qué, pero dice mi mamá que no era el mismo”, agregó Karen.

Hijo de un piloto de la Primera Guerra Mundial, Hughes fabricó a los 18 años un avión en el que llevó a volar a quien sería su esposa el mismo día que la conoció en un ascensor de Sears, en Atlanta. El trabajaba como jefe de bodega y ella en las oficinas administrativas. Se casaron en 1949 y tuvieron cinco hijos.

Como veterano de guerra, Hughes obtuvo una beca para estudiar Ingeniería Aeronáutica en Georgia Tech adonde acudían varios jóvenes de familias cubanas acomodadas. Entre ellos, Uguet, estudiante de arquitectura, hijo de un condecorado capitán de navío, veterano de la Segunda Guerra Mundial que vivía en La Habana.

Uguet tenía entonces unos 19 años y su interés por la política de la isla era mínimo. Esa apatía se acabó una mañana en que se levantó en su casa en El Vedado, donde pasaba vacaciones de receso estudiantil, y vio a su padre con el rostro ensangrentado.

Había sido salvajemente golpeado con manoplas por una pandilla de Rolando Masferrer, un temible jefe paramilitar que defendía la dictadura de Batista. Al regresar a la universidad, Uguet se unió a otros jóvenes del Directorio Revolucionario que ya habían avanzado en la empresa contra el dictador y hacían mítines en el recinto de la universidad.

Quizás en uno de esas reuniones, recuerda Uguet, fue que se le acercó Hughes para enterarse de la organización estudiantil.

“A Paul no hacía falta convencerlo porque él era un alma inquieta, quería libertad, quería la guerra, y como en guerra estaba yo, pues fue más fácil”, explicó Uguet.

Con dinero recaudado entre ellos, los estudiantes alquilaron una avioneta Cessna 172 en la que Hughes llevó varias veces armas desde Atlanta al sur de la Florida. De allí eran enviadas a Cuba camufladas en los guardafangos de un transbordador que cubría la ruta Cayo Hueso-La Habana.

Hugues se excusaba con su esposa de sus ausencias en estos días diciéndole que había sido contratado por un grupo de estudiantes cubanos para llevarlos a la isla de vacaciones.

Miami era entonces un foco de febriles conspiraciones antibatistianas. El presidente Carlos Prío Socarrás, depuesto por Batista, vivía en la ciudad.

Uguet, ya graduado de arquitecto, vivía en las habitaciones del hotel Tradewinds, de Miami Beach, donde se fraguaban toda clase de operaciones de sabotaje a la dictadura y de apoyo al creciente movimiento insurreccional de la isla.

Alrededor de noviembre de 1958, Fleites, quien tenía el cargo de secretario del Frente Cívico Revolucionario del II Frente del Escambray, al mando de Eloy Gutiérrez Menoyo, logró salir clandestinamente de Cuba por vía marítima hacia el sur de la Florida con una misión política y otra militar.

La política, recuerda Fleites, consistía en convencer a Prío de que regresara a Cuba para crear un gobierno constitucional de desafío a la dictadura de Batista en las montañas del Escambray y que a su vez le hiciera contrapeso a las ambiciones de Castro.

“No queríamos una fuerza hegemónica en la revolución, estábamos por la tesis del equilibrio de fuerzas”, explicó Fleites en una entrevista en su consultorio de La Pequeña Habana.

La misión militar de Fleites era llevar armas para el frente en el que algunos de los combatientes entrenaban con fusiles de madera.

Según Uguet, el piloto escogido para transportar a Prío fue Hughes. Con $5,000 que le entregó Uguet, el aviador compró el B-26, un avión que llevaba dos años sin volar.

A pesar de la oposición de la familia, Prío prometió que cumpliría con la propuesta de los jóvenes revolucionarios en enero del año siguiente, según Uguet y Fleites, pero los acontecimientos en Cuba se desarrollaron a una velocidad no prevista, y el plan quedó frustrado cuando Batista abandonó la isla el 31 de diciembre.

No está muy claro si se trataba del mismo plan que Max Lesnick, quien entonces era jefe de propaganda de la retaguardia del II Frente Nacional del Escambray, explicó a El Nuevo Herald. Según Lesnick, la propuesta de llevar clandestinamente a Prío a Cuba fue una iniciativa suya que surgió porque “lo único que le faltaba a la lucha contra Batista era una legalidad constitucional”.

Lesnick aclaró, sin embargo, que no se trataba de cerrarle el paso a Castro sino de ofrecerle que ocupara el cargo de primer ministro una vez triunfara la revolución.

Prío sería albergado y protegido en la finca El Mamey, en Manicaragua, provincia de Villa Clara, que contaba con una casa muy comoda, teléfono y una pista aérea cercana, explicó Lesnick.

Al desmoronarse el plan, recuerda Uguet, sus compañeros de grupo decidieron viajar a Cuba a dar el último aliento a la revolución y reconstruir el país.

Vestidos de paisanos y con algunas armas, los cuatro salieron en el vetusto bombardero desde el aeropuerto internacional de Miami.

Mientras Hughes luchaba con los mandos para mantener el brioso aparato en el aire, una de las ventanillas de la cabina salió disparada y cayó en la pista de carreras de perros del noroeste de Miami.

Las compuertas del desocupado depósito de bombas, se abrían y se cerraban en pleno vuelo, y dice Uguet que de milagro Fleites no cayó al vacío cuando gateaba en dirección a la cabina de mando desde la torreta trasera del avión.

A muy baja altura, Hughes ingresó en territorio cubano e intentó aterrizar en la carretera Circuito Sur, entre Cienfuegos y Trinidad, pero minutos antes abortó la operación presintiendo que el avión podría desbaratarse. Luego hizo una aproximación en el aeropuerto de Trinidad, donde finalmente aterrizó en medio de la balacera.

“Desde la cabina sacamos pañuelos y finalmente nos reconocieron, eran nuestros compañeros”, dijo Uguet. “Pero las puertas del avión no abrían y tuvimos que salir por el hueco que había dejado la ventanilla que salió volando”.

Al triunfo de la revolución, Uguet, que nunca había tripulado un avión en su vida, recibió el grado de capitán de la Fuerza Aérea, y Hughes, también nombrado capitán, fue designado como instructor con derecho a operar todos los aviones de la flota, aunque no los hubiera piloteado antes.

Un día el piloto invitó a su amigo Uguet a bordo de un cazabombardero T-33 y lo sometió a un pavoroso vértigo surcando en piruetas audaces el cielo habanero. Al final de las maniobras, Uguet, quien trataba de mantenerse sonriente para que Hughes no se aprovechara de su cara de terror, escuchó por la radio del avión que un piloto militar pedía pista con urgencia porque temía que el “americano loco” causara un accidente debido a que jamás había piloteado el T-33.

En tierra, Uguet se fue a los puños con Hugues por semejante imprudencia, recuerda.

Tras el triunfo de la revolución, Hughes regresó a Atlanta y no tuvo problemas en conceder una entrevista a un periódico local. Allí reveló su flamante cargo en el gobierno cubano, advirtiendo, eso sí, que continuaba siendo anticomunista.

En marzo llevó a vivir a su esposa y a sus hijas a la casa número 19406 del reparto habanero de Biltmore, en la calle 198 y la avenida 17, que se la había asignado la revolución gracias a la intervención de su amigo y paisano William Morgan, el entonces venerado líder revolucionario del Escambray.

Karen recuerda que la casa tenía muchas habitaciones, piscina, sala de cine, y un sótano al que su papá les tenía prohibido asomarse.

“Recuerdo que siempre había mucha gente, entrando y saliendo a la casa”, afirmó Karen.

A fines de junio de 1959, un acontecimiento interrumpió abruptamente el lento pero placentero proceso de adaptación de la familia a la vida de la isla en una casa en la que la única que hablaba español era Anelia, la nana de los hijos.

La casa fue allanada por la policía revolucionaria y Hughes fue arrestado junto con los visitantes Joseph Bardor, un director de cine estadounidense, Efrén Pichardo, enlace del Movimiento 26 de Julio en la Florida, naturalizado en Estados Unidos, y el periodista británico John Wilson.

En la casa de Hughes, señala un documento de la embajada de Estados Unidos, se encontró una gran cantidad de armas que serían usadas para invadir por tierra y aire a Nicaragua, entonces bajo la dictadura de Luis Anastasio Somoza Debayle.

 

En la operación estaban involucradas unas 200 personas, la mayoría estudiantes de la Universidad de Miami y de la Universidad Católica de Washington, agrega el reporte.

Fleites comentó a El Nuevo Herald que la misión existía y estaba en marcha. El célebre bombardero B-26 que había sido pintado con el símbolo del II Frente, sería usado para apoyar a las fuerzas contra Somoza que estaban al mando del guerrillero nicaragüense Indalecio Pastora, agregó Fleites.

Según Fleites, Hughes fue designado como el piloto del avión que aterrizaría en Bluefields, Nicaragua.

Pichardo, quien vive en Estados Unidos, le dijo a Karen que las actividades clandestinas en la casa de Hughes tenían como fin conspirar contra el gobierno de Castro y no contra la dictadura nicaragüense.

Para esta época, señaló Pichardo, Hugues ya estaba desencantado de la revolución. La semana pasada Pichardo dijo a El Nuevo Herald que prefería postergar una entrevista debido a un quebranto de salud.

Tras ser liberado el 18 de julio, Hughes regresó a sus actividades en la fuerza aérea, pero el 12 de agosto fue detenido nuevamente a su regreso de un viaje a Estados Unidos por razones desconocidas.

Aparentemente convencido de que había caído en desgracia con el régimen, Hughes sacó a su familia de Cuba. Karen recuerda que su papá logró salir de la estación de policía y en una angustiosa carrera contra reloj acompañó a sus hijas y su esposa hasta el aeropuerto y luego regresó a la prisión.

Finalmente, el gobierno de Cuba le pidió al piloto norteamericano que abandonara la isla y Hughes regresó a Estados Unidos con el riesgo de perder la ciudadanía por haber participado en un ejército extranjero.

A partir de este punto las actividades del piloto son erráticas.

En Estados Unidos compró un B-25 y se lo entregó en septiembre a las autoridades dominicanas a través de Edward Browder. El documento de la embajada no detalla el propósito del avión. Browder era un oscuro personaje traficante de armas con conexiones con la mafia.

El aparente gesto de entendimiento de Hughes con el gobierno del dictador Rafael Leónidas Trujillo contrasta con una queja de la propia cancillería dominicana al Departamento de Estado dos meses más tarde. El canciller dominicano encargado aseguró que el piloto compró un avión B-25 por órdenes de Castro para bombardear Ciudad Trujillo (hoy Santo Domingo).

 

“Este mercenario al servicio de Fidel Castro es un hombre peligroso”, escribió el funcionario dominicano.

El gobierno de Estados Unidos revocó la ciudadanía a Hughes el 2 de octubre, lo que no impidió que continuara entrando y saliendo del país para cumplir con sus nuevas incursiones.

Hughes incendió plantaciones de azúcar de Cuba desde aviones que salían de la Florida. Durante una de estas acciones, soltó un par de zapatos tenis con un mensaje para Castro en el que le advertía que pronto tendría que ponerse esas zapatillas para abandonar el poder, recuerda Uguet.

La familia de Hughes se instaló en New Jersey, donde un día apareció el piloto con planes de comprar una casa en un barrio vecino y organizar su vida familiar.

Pero su otra vida, la de conspirador sin remedio, siguió enredada en la historia de Cuba.

Un memorando de junio de 1960 de la embajada lo involucró en un sabotaje a un buque tanque ruso en el puerto de La Habana.

Alrededor del 4 de octubre, Hughes llevó en un bote torpedero de la Segunda Guerra Mundial hasta Bahía Navas, Cuba, a un contingente de 27 hombres, tres de ellos estadounidenses, que pretendían comenzar un movimiento guerrillero junto con más de un centenar de combatientes contrarrevolucionarios.

Los norteamericanos Robert Otis Fuller, de 25 años, Allen Thompson, de 32, y Anthony Zarba, de 27, fueron ejecutados tras un juicio sumario.

En la embajada estadounidense en La Habana no se descartaba que Hughes también hubiera caído preso o incluso se temía que hubiera sido ejecutado, pero el piloto regresó sano y salvo en la embarcación a Bahamas donde fue arrestado para ser interrogado.

Su hija piensa que en los días siguientes Hughes se enteró de algunos chismes en Miami que lo señalaban como “el chivato” o delator de la expedición.

Esos rumores, agregó, podrían haberse convertido en una obsesión de su papá a tal punto que decidió limpiar su nombre con el plan de venganza contra Castro.

Hughes se alió con Floy Leslie Moody, un experto en explosivos de demolición de la Marina de Estados Unidos, que usaba el nombre de guerra de Jay Hunter.

Entre ambos adquirieron tres bombas en un establecimiento de excedentes del ejército y las llenaron de dinamita, explosivo de gelatina, pólvora, tuercas y tornillos. Luego les escribieron sobre sus lomos los nombres de los norteamericanos ejecutados.

La operación fue llamada Trick or Treat.

La idea era bombardear el Palacio Presidencial y la planta de generación de energía eléctrica de La Habana.

En la noche del 31 de octubre, Hughes se robó un avión Beechcraft Bonanza de la Asociación de Vuelo de Fort Pierce y junto con Hunter, enfilaron hacia Cuba. Nunca más se supo de ellos. Una versión recogida por Karen indica que otro avión acompañaba al de su padre.

Uguet le comentó a El Nuevo Herald que durante un interrogatorio del Buró Federal de Investigaciones (FBI), un agente le informó que Hugues había muerto como consecuencia del mal tiempo durante su travesía a Cuba, lo cual provocó que las bombas explotaran dentro del avión.

Según Karen, el FBI, que realizó una extensa investigación del accidente, nunca llegó a esa conclusión. Las bombas, agregó la hija del piloto al citar a un joven que ayudó a los preparativos, no tenían instalado el fusible de detonación. Nunca se halló un solo escombro del avión, explicó Karen.

Desde entonces ella ha escuchado toda clase de versiones en torno al final de su padre. Una de ellas, que la CIA, enterada de la locura de Hughes, derribó el avión; otra, que Hughes cayó preso en República Dominicana y fue intercambiado por prisioneros políticos con Cuba, y finalmente que su padre fue condenado a muerte por el gobierno cubano.

“Si lo hubieran ejecutado nos hubiéramos enterado”, dijo Uguet.

Esta última versión surgió a raíz de la publicación de un manuscrito de Antulio Ramírez Ortiz, un puertoriqueño que secuestró en Miami un avión de National Airlines en mayo de 1961 y lo desvió hacia Cuba.

Ramírez estuvo preso en la sede de los servicios de inteligencia G2 en La Habana donde se le asignó el trabajo de cocinero y limpiador de armas. Allí, dice, logró el acceso a un archivador donde descubrió un documento secreto, según él, una anotación que decía: “Revisé los expedientes más cercanos y vi otro que tenía un apellido Hodge o Hughes, no recuerdo. Decía: “Fue un error fusilar a este floridano. No había nada contra él como se comprobó luego. ¿De quién fue la idea? ¿De Aquiles? Habría que discutir esto en una reunión”.

La olvidada batalla de William Morgan

Sunday, January 4th, 2009

ALFONSO CHARDY y MICHAEL SALLAH

The Miami Herald - enlace con artículo original

Enero 3 del 2009 

William Morgan y su esposa, Olga, en el Escambray.

 FOTOGALERIA| El comandante Morgan

Con las manos en sus pistolas, Ernesto Che Guevara y William Morgan — dos líderes rebeldes — se miraban irritados en un terreno yermo en el macizo montañoso central de Cuba.

Durante el tenso momento aquel otoño hace 50 años, los dos esperaron a que otro hiciera un gesto, con la revolución en juego.

Intercambiaron palabras duras pero al final concordaron en seguir luchando contra su enemigo común: el régimen de Fulgencio Batista.

Ambos dirigieron unidades durante las últimas semanas de la revolución. Los dos capturaron ciudades grandes. A los dos los recibieron como héroes.

Pero mientras a Guevara lo recuerdan en Cuba como una gran figura, Morgan ha sido en gran medida olvidado: un temperamental paracaidista enterrado en La Habana.

Antiguos rebeldes que lucharon con Morgan dicen que nunca se ha reconocido su papel en la revolución.

“Fue un soldado”, dijo Enrique Encinosa, comentarista radial de Miami que ha escrito seis libros sobre Cuba. “Era duro. Era disciplinado. Era capaz de enseñar a la gente a combatir”.

En una crucial campaña durante las dos últimas semanas de la lucha revolucionaria, Morgan y sus hombres atacaron una fortaleza que guardaba la carretera a Cienfuegos, tres días antes de Navidad, obligando a los soldados a rendirse.

La medida no sólo le permitió capturar la ciudad sino que abrió la zona a las guerrillas, cortando las líneas de abastecimiento del gobierno y marcando el principio del fin para el ejército de Batista, afirman los historiadores.

Tres años después, el comandante yanqui, como le decían, encontró su fin al desafiar al gobierno revolucionario de Fidel Castro.

Acusado de llevar armas a rebeldes anticastristas, Morgan fue fusilado en 1961 y enterrado en el Cementerio de Colón, en La Habana.

Cinco décadas más tarde, su papel en la historia de Cuba resurge, en parte debido a una poco común solicitud de su familia para que devuelvan sus restos a Estados Unidos.

Durante los últimos 18 meses, la viuda de Morgan y su abogado han negociado discretamente con los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, mientras antiguos compañeros de armas que viven en Miami han recaudado dinero para garantizar que no sea olvidado.

Se espera que parte de los fondos financien el regreso de los restos de Morgan, si ambos gobiernos aceptan la solicitud, dijo George Castellón, que ha ayudado a recaudar $2,500.

“Desde hace mucho tiempo la gente sólo recuerda al Che Guevara”, dijo Castellón. ‘‘El Che esto y el Che lo otro. Pero se han olvidado de Morgan”.

Morgan fue una pintoresca figura que jugó un papel muyimportante entre los rebeldes de las montañas del Escambray.

Era un tipo duro vinculado con el hampa y su llegada a Cuba comenzó al estilo de la Guerra Fría: llevándole armas a los rebeldes de Castro, posiblemente por encargo del mafioso estadounidense Meyer Lansky, según entrevistas y documentos de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).

Aunque el trasiego de armas era sólo por dinero, Morgan dijo que se había sumado a la causa revolucionaria después que un compañero contrabandista murió a manos de las fuerzas de Batista en 1957.

Nadie ha podido confirmar esa versión, pero Morgan se presentó ese año en el Escambray y posteriormente lanzó una serie de asaltos que sacaron a los soldados de Batista de las montañas. Tatuado y con un español deficiente, el bronceado estadounidense era una curiosidad para los rebeldes en las montañas del Escambray.

En comparación con los combatientes de la Sierra Maestra, las guerrillas del Escambray — el Segundo Frente — eran poco experimentadas.

Aunque Morgan tenía un pasado turbio — fue expulsado del ejército estadounidense por golpear a un militar y ausentarse sin permiso — tenía un buen entrenamiento en el combate mano a mano y era judoca, según antiguos rebeldes.

“Tenía experiencia”, recuerda el comandante Eloy Gutiérrez Menoyo, de 75 años, en una entrevista telefónica desde un apartamento en las afueras de La Habana. “Hablaba poco español pero nosotros aceptábamos a cualquiera que quisiera tomar las armas contra la dictadura”.

Aunque su expediente en el Ejército de Estados Unidos no era perfecto “podía enseñar a los jóvenes rebeldes’, dijo Encinosa, que escribió un libro sobre las guerrillas del Escambray. “Eran personas que nunca habían disparado un arma, que no sabían cómo limpiarla. Eso fue lo que Morgan les enseñó”.

En uno de sus primeros encuentros con el enemigo, Morgan mostró tanto su experiencia como lo poco que dominaba el español.

Menoyo le había ordenado a sus hombres, Morgan entre ellos, que no le dispararan a una patrulla del ejército que se acercaba. El objetivo era capturar las armas de los soldados.

“Le pregunté a todos si habían entendido mis órdenes y todos, incluyendo a Morgan, asintieron”, recuerda Gutiérrez Menoyo.

Pero cuando los soldados se acercaron Morgan abrió fuego, hiriendo a varios. Los soldados escaparon pero regresaron con refuerzos, persiguiendo a los rebeldes durante varios días.

Gutiérrez Menoyo, que pasó 21 años en la cárcel tras perder el favor de Castro, criticó fuertemente a Morgan pero precisó que el americano “tenía tremenda habilidad”.

Durante combates posteriores en Fomento, Saltillo, Padreo y La Diana, Morgan inflingió numerosas bajas al enemigo, según recuentos históricos.

También se ganó el respeto de sus hombres. En una batalla cargó a un compañero herido ‘‘desde el frente hasta las montañas para que lo atendieran”, según el libro de 1979 ‘‘Merc: American Soldiers of Fortune”.

Sus autores, Jay Mallin y Robert Brown, observaron que “en muy poco tiempo las tropas dirigidas por Morgan participaron en más de 15 combates sin perder hombres”.

Una rebelde quedó particularmente impresionada con Morgan: Olga Rodríguez, que había escapado a las montañas tras ser acusada de fabricar bombas para la resistencia en Santa Clara. Lo conoció en abril de 1958, lo vio hacerse cargo de cinco hombres primero, de una columna después y finalmente lo ascendieron a comandante.

A medida que fue perdiendo hombres en los combates, Morgan se comprometió más con la causa revolucionaria.

“Yo me daba cuenta de que él sentía por mi pueblo”, dijo Rodríguez, que se casó con Morgan a finales de 1958. Ahora se llama Olga Morgan Goodwin.

Un viraje clave para los rebeldes ocurrió en noviembre de 1958 cuando recibieron una carta de Guevara diciendo que el Movimiento 26 de Julio se iba a encargar del Segundo Frente.

Irritados por la nota, los rebeldes del Escambray decidieron no ceder el mando, recuerda Osiel González.

González, que ahora vive en Miami, dijo que se enfureció al ver que la carta estaba firmada simplemente “Che”.

“Era como si hubiéramos enviado una carta firmada ‘Chico’ ”, dijo González. “Era una falta de respeto”.

Cuando más de 100 hombres de Castro llegaron en noviembre, Morgan y sus rebeldes los rodearon y les quitaron las armas, según entrevistas y narraciones publicadas.

Poco después apareció Guevara, furioso.

“Estaba humillado porque las guerrillas entrenadas por Morgan habían desarmado a sus hombres”, escribieron Brown y Mallin.

Durante un momento, los dos líderes rebeldes — Morgan y Guevara — se negaron a ceder. González, que posteriormente habló con otros rebeldes que presenciaron el incidente, dijo que Morgan desafió a Guevara a un duelo.

“Uno de los papeles más importantes de Morgan era definir nuestra posición”, dijo González.

Ninguno se decidió a disparar y poco después ambos bajaron sus armas, dijo Gutiérrez Menoyo. Con la revolución en juego, los dos aceptaron dejar de lado sus diferencias y coordinar sus esfuerzos.

Durante las próximas semanas, los dos grupos lanzaron ataques en toda la zona central de la isla en un asalto final contra los soldados de Batista.

El 22 de diciembre de 1958 la columna de Morgan asaltó una zona fortificada que protegía a Cienfuegos, lo que interrumpió el suministro de alimentos y municiones a una fortaleza del gobierno, y lograron que los soldados se rindieran tras un combate.

Nueve días después, Guevara y sus hombres — tras varios enfrentamientos — tomaron la ciudad de Santa Clara, capital de la provincia, haciendo que Batista huyera.

Aunque los grupos rebeldes se reunieron en La Habana para celebrar, Morgan y Guevara no se reconciliaron nunca, dicen los que los conocieron.

“El Che odiaba a Morgan”, recuerda Castellón.

En realidad, volvieron a enfrentarse cuando Guevara insistió en que los dirigentes del Segundo Frente entregaran el mando.

“Aquello se puso muy feo”, recuerda Gutiérrez Menoyo en una entrevista en el 2002. ‘‘Teníamos las manos en las armas”.

A Morgan se le permitió mantener su grado en el ejército revolucionario, pero ni a Morgan ni a Menoyo les dieron cargos importantes en el nuevo gobierno.

Furioso por el viraje de Castro hacia el comunismo, Morgan rompió con el gobierno en 1960 y empezó a llevar armas a un nuevo frente rebelde en el Escambray, lo que llevó a su arresto.

Juzgado y convicto en un tribunal militar, lo fusilaron el 11 de marzo de 1961 junto con el también jefe guerrillero Jesús Carrera.

Desde entonces su imagen ha sido eclipsada por el tiempo y lo sucedido durante la Guerra Fría. Pero, para quienes lucharon a su lado en el Escambray, todavía es una figura intrigante de la revolución.

“Era un tipo duro que luchó durante la mayor parte de su vida”, dijo Encinosa. “Se buscó problemas con las fuerzas armadas y la justicia. Pero se fue a Cuba y encontró una causa. Encontró algo en qué creer y murió por eso. Con su muerte se convirtió en alguien que no había sido nunca”.

Se estancó el socialismo cubano, dice Pablo Milanés

Tuesday, December 30th, 2008

Enlace con artículo original

30 de diciembre del 2008

Pablo Milanés, el famoso cantautor cubano de canciones inolvidables, como, “Yolanda”, “Amo esta isla” y “Yo no te pido”, entre otras tantas, algunas con loas a la revolución, con la que simpatizó en tiempos atrás, estremeció a la opinión pública al declarar que no confía en ningún dirigente cubano que tenga más de 75 años.

Y añadió que el socialismo en Cuba ya se estancó y se debe pasar el mando a las nuevas generaciones.

El cantautor dice tener esperanzas en el presidente Barack Obama: “que Estados Unidos haya tenido una ley de derechos civiles conquistada en los años sesenta y que ahora tenga un negro presidente, es más de lo que hemos logrado nosotros en Cuba, donde los negros aún no tienen ni poder real ni verdaderas oportunidades”.

El cantautor que inicia una gira por España el próximo mes de febrero enfatizó que la situación en la Isla está mal, debido a que los dirigentes cubanos “no hacen nada por sacar adelante el país”.

“No confío ya en ningún dirigente cubano que tenga más de 75 años, porque todos pasaron sus momentos de gloria, que fueron muchos, pero ya están listos para ser retirados”, dijo Milanés al diario español Público.

El famoso cantautor opinó que “ya los dirigentes no son capaces, sus ideas revolucionarias de antaño se han vuelto reaccionarias y esa reacción no deja continuar, no dejan avanzar a la nueva generación”.

El músico no cree que a esos dirigentes haya que juzgarlos por nada, simplemente hicieron lo que tenían que hacer en su tiempo, pero ahora no están haciendo lo que deben hacer y el cubano ya no puede vivir más de promesas.

“Estamos paralizados en todos los sentidos” dijo Milanés.

Sobre las nuevas generaciones, comentó Milanés, que se forman de un modo  hermoso, pero luego tienen que emigrar para proyectar lo que estudian y esto es muy triste.

“Que se divida la familia, que se cercene esa relación filial es absolutamente inadmisible en estos momentos”, señaló el autor de “Yolanda”.

Milanés cree que la represión en la Isla contra los gays no es tan brutal, pero tampoco existe apertura. En su opinión, hay que ir más allá, pues hay mucho prejuicio contra los homosexuales en Cuba.

Con respecto a la censura, Milanés expresó que “mucha gente tiene miedo a hablar porque hay un sistema detrás de la censura, que no te permite hablar libremente y que hay que echar abajo ya, cuestionarlo de un modo radical”.

A una pregunta final, Milanés respondió que el embargo tiene la cara del autobloqueo, que utiliza el régimen, “como una emergencia para defenderse de los errores que han cometido en determinados momentos”.

Hollywood Celebrates Che Guevara

Monday, December 29th, 2008

But it makes no films about the Cuban resistance movement.

By MARY ANASTASIA O’GRADY

Dec 29, 2008

Link to original article in The Wall Street Journal 

Hollywood hotshot Benicio Del Toro is not a stand-up comic, but he seemed to be playing one earlier this month when he said he found the role of Cuban Revolution hero Ernesto Guevara, in the new film “Che,” like Jesus Christ.

“Only Jesus would turn the other cheek. Che wouldn’t,” Mr. Del Toro explained. Right. And Bernie Madoff is Mother Teresa, only she wasn’t into fraud.

With next month marking the 50th anniversary of the Castro dictatorship, it’s no surprise that the film industry is trying to cash in by celebrating pop-culture icon Guevara. As one of Fidel Castro’s lieutenants in the Sierra Maestra and a Castro enforcer in the years following the rebel victory, his name is synonymous with the Cuban Revolution.

Interesting films are hard to come by these days and “Che” is a good example of the problem. Rebel glamour sells T-shirts and coffee mugs so why not another airbrushed rerun of Guevara’s life? Or, more precisely, some mythical version of it, sanitized for the mass market. Meanwhile the real marvel of the past 50 years in Cuba — the steady stream of heroic nonconformists who have risked all in their aspiration to think, speak and act freely — remains the untold epic of our time.

If Mr. Del Toro’s “Christ” comment is foolish, it’s nothing compared to film director Steven Soderbergh’s explanation of why we should care about Che. Bad things happen in society when “you make profit the point of everything,” the movie director told Politico.com. Che’s “dream of a classless society, a society that isn’t built on the profit motive, is still relevant. The arguments still going on are about his methodology.”

Putting aside for a moment the hilarity of Mr. Soderbergh’s personal revulsion with profits, the “methodology” that he suggests is debatable is otherwise known as murder. Che had a “homicidal idea of justice,” Alvaro Vargas Llosa explained in The New Republic in 2005, after researching his life. In his April 1967 “Message to the Tricontinental,” Che spoke these words: “hatred as an element of struggle; unbending hatred for the enemy, which pushes a human being beyond his natural limitations, making him into an effective, violent, selective and cold-blooded killing machine.”

The results of Che’s utopian agenda aren’t much to admire either. As author Paul Berman explained in 2004 in Slate, “The cult of Ernesto Che Guevara is an episode in the moral callousness of our time. Che was a totalitarian. He achieved nothing but disaster.”

The miserable Argentine was killed in 1967 in the Bolivian Andes while trying to spread revolution in South America. But his vision of how to govern lives on in the Cuba of today. It is a slave plantation, where a handful of wealthy white men impose their “morality” on the masses, most of whom are black and who suffer unspeakable privation with zero civil liberties.

There is something rich about the supposedly hip, countercultural Hollywood elite making common cause with Cuba’s privileged establishment in 2008. Its victims — artists, musicians, human-rights activists, journalists, bloggers, writers, poets and others deprived of freedom of conscience — would seem to deserve solidarity from their brethren living in freedom. Instead, the ever-so avant-garde Soderberghs side with the politburo.

The Cuban regime loves its apologists. They give cover and deflect international criticism while at home the regime brutalizes its people. Reports from the island are that since Raúl took over from Fidel in 2006, the repression has gotten worse.

Oswaldo Payá, leader of the Varela Project, which collected more than 11,000 signatures calling for free elections and civil liberties in 2002, says that in recent months there has been a crackdown, “with a fierce persecution against Varela Project activists, other members of the opposition, and the ongoing scandal of not freeing the prisoners of conscience.”

Among Castro’s captives is Oscar Elias Biscet, an Afro-Cuban doctor who is renowned for his commitment to peaceful resistance and is serving a 25-year sentence. Fifty-eight journalists, writers and democracy advocates rounded up in March 2003 also languish in Fidel’s deplorable jails. The total number of political prisoners is not known but is undoubtedly much higher.

State security and rapid-response brigades — aka thugs paid to rough up dissidents — have been fully employed this year. But, despite the terror and the threat of imprisonment, the Cuban spirit still struggles for freedom.

At least five resistance publications now circulate in eastern Cuba. Thirty-two-year-old blogger Yoani Sánchez has been warned to keep quiet, but she still chronicles the ridiculousness of Che economics, giving a voice to ordinary Cubans who live lives of desperation. The Ladies in White — wives, sisters and mothers of prisoners of conscience — still walk quietly in Havana on Sundays. Rock bands mock the old dictator.

This is the wonder of the revolution: Fifty years of state terror hasn’t silenced the resistance. Maybe one day Hollywood will make a film about it.

Write to O’Grady@wsj.com

Fidel Castro: el rey de los dictadores

Sunday, December 28th, 2008

Enlace con el artículo original en El Nuevo Herald

Publicado el domingo 28 de deciembre del 2008

By ROBERTO ALVAREZ QUIÑONES

Fidel Castro está listo para convertirse este 1ro. de enero en el primer gobernante en toda la historia humana que, sin ser rey o príncipe, cumple medio siglo en el poder.

Lo será, porque aunque en febrero Castro fue sustituido por su hermano Raúl Castro como presidente del Consejo de Estado, la actual Constitución de Cuba — aprobada en 1976 — establece que la máxima instancia de poder en la isla es el Partido

Comunista, del cual el enfermo dirigente es su Primer Secretario.

Además, se ha hecho evidente en las últimos meses que es Castro y no Raúl quien maneja el país, con la singularidad de que es el único dirigente en el planeta que gobierna mediante ”reflexiones” con fuerza de ley.

Un colega suyo, el también dictador cubano Gerardo Machado, poco antes de ser derrocado el 12 de agosto de 1933, decía: ”A mí no me tumban con papelitos”, al referirse a las proclamas en su contra. Castro puede jactarse de todo lo contrario y afirmar: “Yo gobierno con papelitos”.

Castro no sólo ha dejado a su hermano las labores administrativas y las nimiedades, sino que lo ”regaña” públicamente como Zeus omnipotente, e incluso lo ha obligado a dar marcha atrás a las tímidas iniciativas que se ha atrevido a adoptar.

Lo que pocos saben es que, suponiendo que muriera antes del 1ro. de enero y no pudiera celebrar sus bodas de oro con el poder, de todas formas Castro es desde el 1ro. de junio del 2007 el dictador que más tiempo ha estado en el poder.

En esa fecha le arrebató la corona de campeón mundial al norcoreano Kim Il Sung. El ”Invencible Comandante” de Pyongyang fue colocado en el poder por José Stalin el 8 de febrero de 1946, cuando las tropas de ocupación soviéticas lo nombraron Presidente del Comité Popular Provisional de Corea del Norte — que luego pasó a ser gobierno formal — y murió como una deidad terrenal el 7 de julio de 1994, a los 82 años. O sea, Kim reinó durante 48 años, 4 meses y 29 días.

En tanto, el 1ro. de junio del 2007, Castro cumplió 48 años y 5 meses exactos en el poder. Siete meses después devino el primer mortal que sin tener ‘’sangre azul” ha gobernado durante 49 años. Esto es todo un récord de Guinness que no encaja bien con lo que el comandante rebelde declaró a los medios a principios de 1959, luego de entrar triunfante en La Habana: “No me interesa ningún cargo público, no me interesa el poder”.

Imaginémonos por un instante a Dwight Eisenhower, y no a George W. Bush, firmando días atrás en la Casa Blanca la ley del plan de rescate bancario de $700,000 millones.

Veamos después a los hombres fuertes de República Dominicana y de Haití, Rafael Leónidas Trujillo y Francois Duvalier, reunidos para limar asperezas entre ambos países. Y que el presidente argentino, Arturo Frondizi, tilda de ”patraña” el juicio en Florida por el ”escándalo del maletín”, que implica de lleno al gobierno de Buenos Aires, y al de Rómulo Betancourt, de Venezuela .

Gamal Abdel Nasser de Egipto y Jawaharlal Nehru, de India, proponen en la ONU que Estados Unidos se retire de Irak. El caudillo Francisco Franco alerta contra las repercusiones en España de la crisis de Wall Street; el gobernador blanco de Sudáfrica, Ernest Jansen, felicita a Nelson Mandela en su cumpleaños, y Adolfo López Mateo pide al PRD y al PRI que aprueben en el Congreso mexicano la reforma energética.

En Berlín, el canciller Konrad Adenauer asiste a un acto por la caída del Muro de Berlín (que no existía en 1959; fue levantado en 1961); en Tel Aviv, el primer ministro, David Ben-Gurion, denuncia un plan de Teherán de ataque nuclear contra Israel, que el Sha de Persia, Reza Pahlevi, considera una calumnia.

Mao Tse Tung anuncia que las Olimpiadas de Pekín del 2008 dejaron al país ganancias multimillonarias, Nikita Jruschov insiste en los coqueteos militares de Rusia con Venezuela mientras el presidente de Colombia, Alberto Lleras Camargo, expresa su preocupación ante la Organización de Estados Americanos. Y el dictador paraguayo, Alfredo Stroessner, ataca verbalmente al presidente de Chile, Jorge Alessandri.

No, no escribo una crónica de ciencia ficción. Es que estos son algunos de los colegas jefes de Estado que tenía Fidel Castro en 1959. Con excepción del cubano, todos estos líderes de mediados del siglo XX hace rato que murieron y nadie se acuerda de ellos, salvo los historiadores.

Es algo kafkiano: Castro no es sólo el único sobreviviente, sino que sigue dando órdenes en pleno siglo XXI.

Por cierto, Castro y Kim sacan largo trecho a los demás dictadores, pues el tercer lugar lo ocupa el albano Enver Hoxha, quien estuvo 40 años en el poder y es el tercer integrante del exclusivo Club de las Cuatro Décadas, aunque en el 2009 se les unirá el libio Moammar El Gadhafi, al mando desde 1969.

Luego están empatados el gallego Francisco Franco y el portugués Oliveira Salazar, ambos con 36 años. También el paraguayo Alfredo Stroessner y el mariscal Josip Broz Tito de Yugoslavia están mano a mano con 35 años.

Después vienen el húngaro Janos Kadar (33 años); el congolés Mobutu Sese Seko (32); el dominicano Rafael Lónidas Trujillo (31); así como Hafiz El Assad, de Siria, y Habib Bourgiba, de Túnez, con 30 años cada uno, seguidos por el soviético José Stalin, Julius Nyerere de Tanzania, Jose Eduardo Dos Santos — aún en el poder — de Angola con 29 años, y Robert Mugabe, de Zimbabue, con 28 años. Y empatados con 27 años aparecen Mao Tse Tung, el venezolano Juan Vicente Gómez y el mexicano Porfirio Díaz.

Hay otros 12 dictadores con más de 20 años de duración, incluyendo al argentino Juan Manuel Rosas (1829-1852) y al italiano Benito Mussolini (1923-1945). Otros 21 acumularon entre 11 y 19 años, entre ellos los dos más famosos: Napoleón Bonaparte (1799-1815) y Adolfo Hitler (1933-1945).

Las evidencias sugieren que en el siglo XX los cinco dictadores más importantes por los efectos devastadores de sus acciones para sus pueblos y el mundo fueron Hitler, Mussolini, Stalin, Pol Pot y Castro.

Sin embargo, los cuatro primeros pasan a la historia como aprendices del colega cubano, pues no tuvieron su genio y astucia para perpetuarse en el poder y presentarse ante el mundo como paladín de los pobres.

Poca suerte que tenemos los cubanos.

Chanes de Armas: una vida vivida por Cuba

Wednesday, December 24th, 2008

Chanes de Armas: una vida vivida por Cuba

WILFREDO CANCIO ISLA 

El Nuevo Herald

Enlace al artículo original

—————

Enlance a MARIO CHANES DE ARMAS

Por: Orlando Fondevila Cubaeuropa

——————————–

El Nuevo Herald 

Oct. 22, 2006

1) Chanes de Armas: una vida vivida por Cuba

Enlance al artículo original

 

WILFREDO CANCIO ISLA 

El Nuevo Herald

Su vida es la parábola inequívoca del drama cubano contemporáneo. Prisión, exilio, separación familiar, muertes y olvidos. Mario Chanes de Armas, el prisionero político que cumplió el más prolongado encierro de la era moderna, arriba a los 80 años en un momento crucial para los destinos de Cuba, aunque imposibilitado de percibirlo.

Desde hace un año está recluido en un centro de asistencia médica en Hialeah, aquejado del mal de Alzheimer. La enfermedad le ha afectado la principal arma que Chanes pretendía esgrimir en beneficio del futuro democrático de su país: la memoria.

Un hombre humilde, de esencia popular y fuerte vocación de justicia, que por sus ideales estuvo dispuesto a cumplir 33 años de prisión y, ya con 15 en el exilio, es un poderoso instrumento de movilización en cualquier escenario de cambio social en la isla.

Nacido en La Habana el 25 de octubre de 1926, Chanes estudió en una escuela del barrio de Marianao hasta nivel secundario y muy joven comenzó a trabajar en el comercio. Pronto se convirtió en líder sindical en las zonas habaneras de Puentes Grandes y Ceiba, prolongando luego su experiencia organizativa a otras provincias. Hasta que se produjo el golpe militar del 10 de marzo de 1952, encabezado por el general Fulgencio Batista.

Entonces Chanes dejó las labores sindicales para conspirar contra Batista en la clandestinidad y convertir su vida en testimonio de la historia cubana del siglo XX: asaltante del Cuartel Moncada en 1953, expedicionario del yate Granma, organizador de grupos de acción y sabotaje, prisionero político de Batista y Castro, y promotor de la reconciliación pacífica en el exilio.

”Un querido amigo nuestro, el fotógrafo Fernando Chenard Piña, conocía a un señor que se llamaba Fidel Castro Ruz — que todavía está vivo, por desgracia — y comenzamos a reunirnos en una casa de Prado 109 [en La Habana]”, recordó Chanes durante una larga entrevista a finales del 2003. “Chenard fue el jefe principal de las células secretas en la zona de Marianao y yo el segundo jefe. Así empezamos a entrenar compañeros en el manejo de armas y en el tiro”.

La entrevista con El Nuevo Herald, que hoy publicamos casi íntegramente, se extendió durante tres sesiones en la sede de la organización Plantados en Miami. Chanes empezaba ya a tener dificultades para recordar nombres y fechas, pero con paciencia fue tejiendo las remembranzas heroicas y dolorosas del pasado, reflexionando sobre el presente y preconizando los acontecimientos del porvenir cubano.

Evocó a viejos ”compañeros de viaje”, repasó los días interminables de la cárcel que le obligó a cumplir el régimen castrista ”hasta la última hora” de una condena de 30 años, y sólo una vez le brotaron las lágrimas: cuando mencionó a su único hijo, Mario, cuyo nacimiento y muerte ocurrieron durante su cautiverio.

 

”Mi hijo murió a los 22 años”, contó Chanes y no pudo contener el llanto. “Nunca pude disfrutar de su presencia fuera de la prisión”.

 

Rumbo al Moncada

 

¿Cómo recuerda las jornadas de conspiración que desembocaron en el asalto al Moncada? ¿Qué hablaban en esas reuniones de Prado 109?

 

Se criticaba mucho al sistema comunista, a la Unión Soviética, especialmente el individuo [Fidel Castro], quien hablaba de la Cortina de Hierro que tenía esclavizada a media Europa. Y se defendía restaurar la Constitución del 40. Los que nos decidimos a combatir a Batista, lo hicimos porque violó la Constitución, y por el derecho de todos los ciudadanos a que nos respeten las leyes.

Muchos han calificado ese ataque como un acto romántico, sin posibilidades reales de ocupar aquel bastión militar y provocar una sublevación popular en Santiago de Cuba. ¿Cómo lo ve ahora, 50 años después?

Fue una mezcla de locura de juventud y rebeldía contra Batista. A la hora cero algunos compañeros no quisieron participar, en desacuerdo con las armas que teníamos para atacar. Y de cierta forma tenían razón. Hay que pensar que el Moncada era una fortaleza militar y con las pistolitas y los riflecitos de tiro al blanco que nosotros teníamos no íbamos a ninguna parte.

Haga un poco de memoria sobre el instante en que la posta del Moncada se percata de la emboscada y abre fuego contra los asaltantes. ¿Dónde estaba usted?

 

Yo iba en el tercer carro, detrás del de Fidel Castro. Cuando empiezan a sonar las ametralladoras, nos tiramos al piso. Una balacera tremenda. Estoy recostado al guardafangos derecho del carro, con la mano sangrando de un balazo, y de pronto siento detrás de mí una silueta que grita: ”¡Retirada!” Era el señor Castro.

 

¿Tiene alguna imagen persistente de aquellos momentos?

 

Sí, la imagen de [José Luis] Tassende sobre un charco de sangre. Esa foto es algo que siempre me conmueve.

 

La ruptura

 

Capturado días después del Moncada en las afueras de Santiago de Cuba, fue juzgado y condenado a 10 años de cárcel. Como el resto de los asaltantes arrestados, Chanes se benefició de la amnistía general del 15 de mayo de 1955 y marchó al exilio en Miami, donde se ganó la vida lavando platos.

 

Poco después, Castro lo llamó desde México para que se incorporara a los preparativos de la expedición del yate Granma, cuyo desembarco se produjo el 2 de diciembre de 1956 por playa Las Coloradas, en el oriente de la isla.

 

Sobre la mesa descansa un recorte reciente de la prensa oficial cubana sobre la amnistía de 1955. En la histórica foto de la salida del Presidio Modelo de Isla de Pinos no aparece la figura de Chanes, maleta en mano, a pocos pasos de Castro.

 

Chanes sonríe irónicamente: “Ya la foto son tres nada más, Fidel Castro, Raúl y Almeida. Si siguen cortándola”.

 

¿Cuál fue el trato recibido por los prisioneros del Moncada?

 

Batista era un dictador, pero nos daban dos visitas mensuales, más una familiar fuera del presidio en un área apartada donde había unas casitas. Allí te llevaban el almuerzo y te servían café. Y eso que habíamos asaltado una instalación militar. ¿Qué te parece? Con el señor Castro teníamos dos visitas al año, sin llamadas telefónicas.

 

Cuando nadie escuchaba

 

El 17 de julio de 1961, Chanes fue arrestado por participar en una supuesta conspiración para asesinar a Castro. Siempre lo ha negado. Al triunfo de la revolución había llegado a ostentar el cargo de comandante de la policía motorizada, pero lo abandonó todo y se fue a trabajar en una fábrica, descontento con el rumbo comunista del proceso.

 

Lo condenaron a 30 años. No aceptó el régimen de rehabilitación penal y se identificó como un plantado, firme en sus convicciones hasta el final. No faltaron las campañas internacionales por su liberación. Ni siquiera el sudafricano Nelson Mandela –figura simbólica del presidio político– cumplió tanto tiempo en cautiverio por sus ideales.

 

El 16 de julio de 1991 Chanes salió de la cárcel.

 

”Aquí está la carta de libertad”, señala mientras muestra el documento donde aparece escrito: Cumplida la condena. “No me amnistiaron, no me soltaron, cumplí hasta la última hora”.

 

Confesiones y compromisos

 

¿Por qué cree que hubo un especial ensañamiento con su caso?

 

Yo fui un organizador de células secretas del [movimiento] 26 de julio. Lo sabía todo desde el principio, tiraba bien y no había flaqueado nunca en ninguna misión. Creo que pensó que yo era un enemigo peligroso. Castro no perdona a quienes no le sigan incondicionalmente.

 

¿Qué es lo más terrible del encierro?

 

La separación familiar. Lo perdí todo en la cárcel. Mi hijo nació cuando yo llevaba ocho meses preso y la noticia de su muerte, a los 22 años, me la llevaron a la celda. Y a última hora [se echa a llorar]. Estando en la cárcel murieron también mi padre y mi madre. La familia siempre sufre más que el preso.

 

¿Dejó amigos en la cárcel?

 

Hermanos.

 

¿Y miedos?

 

No, después de pasar por una cárcel cubana no quedan miedos.

 

¿Tiene algún recuerdo especial de compañeros del Moncada?

 

Sí, de Faustino Pérez. Yo me llevaba bien con todos ellos. La vida nos separó.

 

¿Y de Castro?

 

Me pareció al principio una gente buena y valiente. Mira después en lo que se convirtió.

 

¿Alberga odios?

 

No, ni deseos de venganza tampoco. Me declaro enemigo del odio, del rencor y la venganza. A nada bueno conducen.

 

¿Qué considera fundamental para el futuro de Cuba?

 

La reconciliación de la familia cubana. Eso hay que conseguirlo a toda costa.

 

¿De dónde saca fuerzas para vivir con optimismo?

 

De mi deber con Cuba. Me gustaría ir a Cuba tan pronto hubiera allí un régimen democrático y hablarle a la juventud, que es el futuro. Hay que explicar cómo fue Cuba y cuál fue la verdadera historia de esta tragedia que hemos vivido.

 

———————————