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Cultura y Revolución

Sunday, January 4th, 2009

ANTONIO GARRIDO

Sur Digital (Andalucía) - Andalucía, España - enlace con artículo original

2 de enero del 2009

Cuba necesitaba un inventario de valores y símbolos para unir a una población diversa

La identidad nacional se construyó contra la potencia colonial, España

AQUELLOS barbudos que bajaron de Sierra Madre hace ahora medio siglo y acabaron con la dictadura de Batista, la segunda, porque la primera se desarrolló desde 1940 hasta 1944, tenían muy claro que la cultura, entendida más como educación, iba a ser un factor clave dentro del modelo revolucionario que había triunfado después de un largo periodo de inestabilidad política en la isla que, de hecho, se inició después de la guerra hispanonorteamericana del 98. Vaya por delante que todo lo que sigue hay que situarlo en un contexto preciso, el rechazo de la revolución, aún no declaradamente marxista, a que Cuba fuera fagocitada por los Estados Unidos, no sólo en lo político sino en todos los ámbitos. Precisamente la gran hostilidad hacia Batista tenía un plus en el entreguismo cultural y educativo que su gobierno había desarrollado.

Se afirmó que Cuba era un gran cabaré donde los norteamericanos disfrutaban del sol, de los precios bajos y de los favores sexuales y no faltaba razón a quienes así pensaban mientras que la mayoría de la población era analfabeta; lo que no impedía que la minoría culta fuera de gran nivel y de relevancia internacional; este componente de proyección exterior de la cultura cubana se mantendrá aunque con otro discurso teórico, el marxista.

No hay que olvidar que sobre Cuba pendía la espada, no de Damocles sino de la Enmienda Platt, que permitía a USA intervenir cuando lo estimara oportuno y con los medios que considerara convenientes. No era poca amenaza.

Bloqueo americano

En 1961 se rompieron las relaciones con Castro y la situación empeoró de manera significativa con el bloqueo que, entre otros, fue uno de los factores que decidió que la alianza de Castro fuera con Rusia y que la isla se convirtiera, en gráfica imagen, en un portaviones natural a pocas millas de un enemigo que era Goliat frente a David.

Un repaso por los textos que se refieren a la cultura en la revolución ofrecen una constante que se define de manera inequívoca como nacionalista más que como marxista en una primera fase; en un segundo momento se produce la identificación de marxismo y nacionalismo en el marco del movimiento internacional. En efecto, Cuba necesitaba establecer un inventario de valores y de símbolos que unieran a una población de diverso origen étnico, una unión que debía ser adhesión a los valores patrios.

En este sentido, como ocurrió a principios del XIX con las nuevas repúblicas independientes en Hispanoamérica, la identidad nacional se construyó contra la potencia colonial, España, que había sido de una torpeza difícil de igualar al administrar los deseos de autonomía al principio, y de independencia después de las elites criollas.

Cuba es un universo de gran riqueza étnica por la presencia del elemento de origen africano; de hecho, el movimiento antiesclavista es uno de las bases ideológicas de las guerras contra la metrópolis que, estupendo ejemplo de hipocresía, pese a ser una sociedad de acendrado catolicismo mantenía el modelo esclavista por puros intereses económicos; aunque este planteamiento no era diferente al de los sudistas que también eran de fe cristiana. Los negros de Cuba, marginados de la cultura oficial, aportaron, sin embargo, elementos originales que procedían de su tradición popular y se incardinaron en la cultura del pueblo cubano en general. La cultura de Cuba era criolla, de base europea y con elementos de mestizaje de origen africano.

La revolución desarrolló desde el primer momento un modelo cultural con una importante carga ideológica y, lo más importante, extendió la cultura a toda la sociedad por medio de acertadas campañas de alfabetización. Este es quizás el mayor logro revolucionario. Pese a las dificultades económicas de todo tipo y a la dictadura política, la cultura como educación se desarrolló como un derecho básico y universal desde 1959 con más de un millón de alfabetizados en un tiempo relativamente breve.

Si nos adentramos en la cultura en un sentido más especializado encontramos el mismo interés; no hay que olvidar que las cabezas de la revolución procedían de familias burguesas con un alto nivel cultural. Dos ejemplos lo muestran. En 1959, a pocos meses del triunfo revolucionario, se crearon el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica) y la Casa de las Américas. Muy pronto, en 1961, la Escuela Nacional de Arte. Claro está que estas instituciones, algunas, como el ICAIC, con prestigio internacional, fueron ocupadas por el pensamiento único del partido único y entraron, como la misma Cuba, en la órbita del bloque soviético, con lo que los flujos naturales por la posición geográfica y la tradición cultural previa se vieron alterados porque se orientaron en un solo sentido.

Hispanistas

En mi experiencia personal en los países del Este de Europa he podido comprobar la importancia de Cuba en el ámbito del hispanismo. La mayoría de los profesores de enseñanza media y universitaria habían pasado por las aulas de las universidades cubanas. Moscú sustituyó a ese París, eterno sueño de los intelectuales de América del Sur. Pude comprobar que la formación de estos hispanistas era muy sólida en lo que podemos denominar el canon de la cultura hispanoamericana; por ejemplo, el conocimiento de la literatura áurea española era superior, en muchos, al nivel medio de los profesionales españoles.

Desde el primer momento la cultura fue un arma revolucionaria y las artes se definían como revolucionarias de manera conceptual y de manera formal. Una idea que se sigue repitiendo y que forma parte del repertorio clásico de la izquierda es que el arte no debe ser rehén del mercado; se mantiene en la isla, y no hace mucho que impartí conferencias en ella, la idea del arte al margen de la especulación económica y como, con retórica un punto trasnochada, faro de luz y medio de emancipación. Arte para adoctrinar aunque la palabra libertad se repita en todos los textos teóricos y los artistas disidentes tengan muchas dificultades para desarrollar su trabajo.

No obstante y pese a todo, la cultura en Cuba desde 1959 ha producido frutos notables en todas las artes, me atrevería a decir que en literatura de manera especial, basta ver los catálogos de las editoriales donde no faltan escritores muy notables dentro del realismo provocador. Tampoco faltan buenos ejemplos en las artes plásticas. Tiene un mérito notable mantener el nivel en situación tan adversa que deseo mejore pronto. Tengo un profundo amor a Cuba y un profundo respeto a su cultura. Carpentier en una de mis referencias formativas más importantes.

Cuba: Los 50 años de una revolución desafiada por el futuro

Friday, January 2nd, 2009

Con Fidel Castro alejado del poder, Cuba ingresa en una etapa de reformas políticas y económicas. El sistema comunista soportó el bloqueo de EE.UU. y busca su propio modelo.

Clarin.com - enlce con artículo original

Por: Marcelo Cantelmi

Una condición invariable del futuro es que es el pasado el que lo hace posible. La Revolución Cubana ha sido un desafío en multitud de sentidos, su vigencia posiblemente el mayor y el más agresivo para muchos de sus enemigos. Sin embargo para observar este proceso y el extraordinario cambio que se está incubando, movido por los mismos dirigentes que hicieron aquel salto hace 50 años, conviene un par de pasos de distancia.

Son necesarios, para no caer en las simplificaciones que especialmente atraparon a los Estados Unidos, no el único rival de la isla en esa madeja. En verdad, la cercanía geográfica de Cuba ha sido un magro argumento de Washington para asumir una métrica dual que admitió una relación amplia comercial y política tanto con Vietnam como con China, dos naciones plenamente comunistas, pero que justificó un bloqueo económico de décadas sobre la isla caribeña, con inútiles efectos políticos.

Lo que viene abre esperanzas de que se repare ese desbalance, de la mano del proceso de reforma que arrancó con la llegada al poder de Raúl Castro, en febrero de 2008 y de las mutaciones que podrían producirse en EE.UU. que han creado grandes expectativas en La Habana. Pero la cuestión no es sólo si ese giro geopolítico –el fin del embargo, la normalización de relaciones– es interpretado por los círculos más duros norteamericanos y del exilio como una derrota propia. Sino cómo vivirá Cuba su nueva revolución que proclamó el propio Fidel Castro en 2006 cuando anticipó que “estamos marchando hacia un cambio total de nuestra sociedad”. Es claro que el pequeño país caribeño no saldrá hacia una apertura democrática liberal. No es una condición necesaria como lo prueban los casos de China y Vietnam. El pragmatismo, sí lo es.

Raúl Castro planteó en 2007, cuando ya estaba interinamente a cargo del poder que “Cuba no tiene mayor desafío que el combate por la eficiencia del sistema económico: habrá que introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios”. Esas frases fueron llaves de enormes portales y apuntaron a un giro a favor del estímulo material en lugar del moral que rigió los comienzos de la revolución. De ahí que quizá fuera de los cambios más mediáticos como el acceso a teléfonos celulares, compras de televisores, motonetas, hornos a microondas y otros equipos electrónicos, el más relevante sea la adquisición sin restricciones de herramientas de agricultura.

El gesto de liberar este año a siete disidentes fue una señal adicional sobre lo que podría ocurrir más temprano que tarde con el resto de los más de 200 que purgan condenas en cárceles cubanas. Además Cuba sin bloqueo es un gigantesco negocio para el turismo en EE.UU., sobre todo el de la tercera edad.

El desafío para esta dirección es realizar esa transformación sin perder el control ni resignar los símbolos revolucionarios, un tema que está en el centro de la sorda disputa en la isla entre los llamados “inmovilistas” y los “renovadores”. Los primeros admiten su preocupación porque, por ejemplo, si se entregan tierras en mayor cantidad de lo que se hace desde la reforma de la década de los ‘90, habrá un empleador y tendrán contratados que cobrarán un sueldo. “Ahí está la cuestión de la plusvalía que no se resuelve”, le dijo a este periodista un alto dirigente de la Revolución explicando en qué andan los más duros.

No todo es tan esquemático. El Ministerio de Defensa que aún dirige Raúl Castro gestiona 844 empresas que generan 64% de las divisas del país y explican 60% de su PBI. En esas firmas, el Presidente vincula el estimulo salarial con los resultados. La consecuencia ha sido que sólo 7 por ciento de sus empresas registraron pérdidas en 2005/2006 frente al 38 por ciento del total de las compañías naciones que acabaron en rojo.

Algo similar sucede con el campo. Las cooperativas privadas que son mas de 1.500 poseen una fracción de tierras pero producen 60% de los productos agropecuarios. 

La isla importa hoy cerca de 80% de los alimentos que consume aunque la mitad de sus tierras cultivables están ociosas o subutilizadas. Otra de las calamidades es que el salario promedio es de poco más de 10 dólares, cerca de 300 pesos cubanos. Es tan insuficiente que el propio Raúl Castro admitió que ese ingreso magro “generaliza manifestaciones de indisciplina social y tolerancia con actitudes antisociales”. Mercado negro y baja disciplina laboral, sería la mejor traducción.

A los cubanos les irrita cuando se analiza el fenómeno de China o Vietnam como un proceso de capitalismo con otro rostro. En igual clave que sus socios asiáticos defienden como una modernización comunista la apertura que Deng Xiao Ping impuso hace 30 años en China o la del PC de Vietnam en 1978, con su célebre Doi Moi o renovación multifacética.

El espejo en el que más parecen reflejarse es justamente el vietnamita. Ese país determinó que “la economía mercantil no es un atributo exclusivo del capitalismo, sino una conquista de la humanidad y elemento necesario en la transición al socialismo” y proclamó acabar con “la mercadofobia”. Al liberar las potencias individuales esa nación del sudeste asiático pasó de ser un importador neto de arroz a ser el segundo exportador del mundo y atrajo inversiones de la mano de sueldos comparativamente muy bajos y una mano de obra en extremo calificada. El Partido Comunista mantiene el control total del país, pero la economía se abrió al mundo y ha negociado acuerdos con todos los organismos internacionales existentes.

Si es el presente el que anticipa el futuro vale entonces observar ese sendero para adivinar los pasos de Cuba. La cuestión es el lastre del embargo aunque probablemente será menos una barrera que un escollo en ese camino que ya comenzó a andarse. 

http://www.clarin.com/diario/2008/12/28/um/m-01828965.htm

La loca lucha revolucionaria de unos jóvenes barbudos en Cuba

Wednesday, December 24th, 2008

50 ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN CUBANA

Fuente: Silvia Ayuso (dpa)  | 22/12/2008 

Enlace al artículo original

http://www.elpais.cr/articulos.php?id=1261

MAYARÍ ARRIBA, CUBA, (dpa) - La lucha cuyo medio siglo de triunfo celebra ahora Cuba comenzó con un puñado de fusiles y unas pocas decenas de jóvenes “rebeldes” que hicieron de su uniforme verde olivo y las largas barbas que lucían los símbolos de una revolución que, fuente de ideales para unos y de decepciones para otros, no ha dejado a casi nadie indiferente en los últimos 50 años de la historia.

A su frente, un Fidel Castro que con una confianza rayana en la inconsciencia se atrevió a proclamar, cuando logró reunir a los primeros hombres y siete fusiles tras la dispersión de sus 81 “expedicionarios” nada más desembarcar del yate “Granma” en diciembre de 1956, ese histórico: “Ahora sí ganamos la guerra”.

Aquellos que lo siguieron con la misma confianza ciega pese a lo desigual de sus fuerzas frente al ejército de Fulgencio Batista eran en su mayoría tan jóvenes como el propio Castro, quien apenas había cumplido los 30 años cuando inició los combates.

Como Arnaldo Cuzcó. Este guantanamero “de la zona campesina” había sido reclutado como combatiente clandestino de entre el movimiento estudiantil pero, como muchos de sus compañeros, se incorporó al Ejército Rebelde al ser descubierto. Tenía 15 años.

Fue destinado al II Frente, creado en marzo de 1958 y que estaba dirigido por Raúl Castro, el hermano menor de Fidel que, a pesar de sus escasos 27 años, también tenía ya una larga experiencia militar y que, en esa zona de la oriental Sierra de Cristal, adquiriría la fama de buen organizador que le acompaña hasta hoy.

“Raúl en el II Frente hizo casi un Estado. Teníamos la fuerza armada, varias columnas, un departamento de política, de construcción, de educación, de atención a campesinos, de salud… no le faltó de nada al II Frente”, recuerda este militar retirado.

La comandancia del II Frente, hoy reconvertida en museo, se situó en la localidad de Mayarí Arriba, una población que, aunque hoy ha multiplicado sus habitantes, sigue estando muy aislada, ubicable sólo por unos intrincados caminos plagados, eso sí, de proclamas revolucionarias y “vivas” a Fidel y, sobre todo, a Raúl.

Unas guías muestran con orgullo la casita de madera desde donde éste organizó todo el II Frente. Llaman en ella sobre todo la atención las numerosas fotografías de la época, en las que se puede ver a un jovencísimo Raúl Castro luciendo una melena y casi siempre sonriente, pletórico.

“Era muy jovencito, muy serio y exigente, pero muy cariñoso”, resume Cuzcó, que recuerda cómo ordenó “darle clase a los campesinos y prestarles sanidad con los médicos que teníamos”.

Fueron precisamente acciones como esa las que les hicieron ganar el apoyo de campesinos de toda la región, sin cuya ayuda muchos de los jóvenes combatientes, provenientes de ciudades y sin conocimiento del terreno, no habrían podido sobrevivir.

Crescencio García Frías es uno de esos “guajiros” que ha vivido toda su vida en la Sierra Maestra, escenario central de los combates.

“Les llevaba comida y lo que apareciera, cuenta este campesino de hoy 72 años que asegura que en la región había un “apoyo absoluto” a los rebeldes.

Crescencio vio pasar por sus tierras, muy próximas a donde en los últimos meses de la guerra Fidel instalaría su sede, la Comandancia de la Plata, tanto al líder cubano como a combatientes como Celia Sánchez, Camilo Cienfuegos o Ernesto Che Guevara.

“No eran como los ‘casquitos’, las tropas de Batista que sólo hicieron maldad y crimen, ellos ayudaban a la gente, llegaban y tenían cualquier cosa y ellos se la daban”, asegura.

Aun hoy en día, no resulta nada fácil llegar por el empinado y embarrado camino de cabras a la Comandancia de la Plata. Y eso que el bosque ya no es tan tupido como cuando llegaron allá los rebeldes de Fidel, destaca Luis Angel Segura, el conservador de piezas históricas del lugar, que recuerda que “la aviación nunca pudo descubrirlo”.

Tras una hora larga de caminata, aparecen, poco a poco, las casitas de madera de cedro y techo de guano que conformaban el “hospital”, la primera sede de Radio Rebelde y la propia casa de Fidel, que conserva la cama grande con cabecera incluida que hicieron llegar “por partes”, explica Segura sonriente, y la mesa y silla desde donde el comandante escribía sus órdenes a mano.

Alicia Campeiro, nieta de Crescencio Pérez, uno de los primeros campesinos que ayudó a Fidel Castro, es uno de los muchos visitantes que recibe a diario el histórico lugar.

“Mi abuelo se unió a Fidel porque tuvo fe en su lucha, en sus ideas y proyectos”, asegura esta abogada de La Habana.

Sin embargo, reconoce Zoé Grave de Peralta, no todos tenían tan clara la victoria que Fidel proclamaría el 1 de enero de 1959 en la central plaza de Santiago, el Parque Céspedes.

Con sólo 15 años, se convirtió en una de las “muchas” mujeres que llevaban avituallamiento al frente, transportaban armas camufladas y ayudaban a huir a los combatientes perseguidos.

“No lo imaginábamos. Ahora, al cabo de estos años, lo pienso y todavía no lo creo”, reconoce. Para ese entonces, explica, había sidodescubierta y llevaba varios días escondida en una casa segura y, cuando oyó los gritos de la calle, pensó que la iban a detener.

“Pero me dicen sal, sal, que dicen que Batista se fue”, cuenta con una sonrisa. Rápidamente, se acercó como muchos santiagueros a su plaza principal, a ver al barbudo Castro hablar desde un balcón.

“Llorábamos que parecíamos niños pequeños de la emoción que sentíamos, nos mirábamos y nos decíamos ahora sí, es de verdad. Ahora sí los mambises entraron a Santiago”.