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Cuba impide viaje de estudiantes a EEUU

Friday, August 28th, 2009

Publicado el viernes 28 de augusto del 2009

El Nuevo Herald - enlace al original

WILFREDO CANCIO ISLA

El gobierno de Raúl Castro impidió la salida del país de una treintena de universitarios cubanos que habían recibido becas para participar este verano en dos programas en instituciones académicas de Estados Unidos.

“Lamentamos la decisión del gobierno cubano de no permitir la participación de sus ciudadanos en estos proyectos, pero continuaremos brindando oportunidades para que los cubanos participen en este tipo de programas educativos, los cuales ofrecemos a estudiantes de todo el mundo”, dijo Sara Mangiaracina, portavoz del Buró de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado.

La convocatoria para ambos programas — auspiciados por el Buró de Asuntos Educativos y Culturales (BECA, por su nombre en inglés) del Departamento de Estado — fue lanzada a mediados del pasado año a través de la Sección de Intereses de Estados Unidos (USINT) en La Habana y en pocas semanas recibió una avalancha de solicitudes. Es la primera vez que estudiantes cubanos son invitados a participar en este tipo de programas internacionales del gobierno estadounidense.

“El interés de los estudiantes cubanos en estos dos programas fue altamente estusiasta y un número de muy calificados participantes fue seleccionado para ambos programas”, señaló Mangiaracina.

La USINT procesó alrededor de 750 solicitudes para asistir un año a un colegio comunitario en especialidades como ciencias agrícolas, administración empresarial, tecnologías de información, comunicaciones y periodismo, o participar en un curso de verano de liderazgo público en una institución universitaria.

Finalmente, fueron seleccionados 17 para el primer programa y 11 para el segundo, pero las autoridades cubanas rechazaron sus peticiones para viajar a Estados Unidos e iniciaron un proceso de análisis en los centros universitarios.

El Departamento de Estado confirmó a El Nuevo Herald que el gobierno cubano le comunicó recientemente que “no otorgaría los permisos de salida a los estudiantes que solicitaron becas para los programas académicos de este año, pero que no elimina completamente la participación en el futuro”.

 

La Sección de Intereses de Cuba en Washington no respondió un mensaje de El Nuevo Herald indagando sobre el asunto.

Hace varios meses las autoridades del Ministerio de Educación Superior (MES), cuadros del Partido Comunista (PCC) y dirigentes de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) abrieron un proceso de análisis como parte de un “reordenamiento del trabajo político-ideológico” en las instituciones universitarias.

El proceso fue iniciado tras la designación en mayo del ingeniero Miguel Díaz Canel, miembro del Buró Político del Comité Central del PCC y ex cuadro de las Fuerzas Armadas, como ministro de Educación Superior. Díaz Canel, de 49 años, es considerado un representante de la llamada ‘‘generación del relevo” muy cercano a Raúl Castro y cobró fama como dirigente partidista de mano dura al frente de las provincias de Villaclara y Holguín desde 1993.

Uno de los focos de atención prioritaria en esas reuniones fue justamente el “combate ideológico valiente” para enfrentar supuestos problemas políticos entre los estudiantes como el hecho de aspirar a becas en Estados Unidos.

“Una muestra de las acciones que realiza la administración norteamericana actual para tratar de penetrar ideológicamente a la juventud universitaria, es el ofrecimiento de becas, a través de la SINA [Sección de Intereses Norteamericana, como se le designa en Cuba a la USINT], para prepararlos en el área de liderazgo. Aspirar a la beca denota, cuando menos, una inconsistencia ideológica inadmisible. Todavía más grave es el caso de aquellos estudiantes seleccionados por la SINA que mantuvieron su decisión aún después de la argumentada discusión política que se sostuvo con ellos”, expresó un documento interno del MES que obtuvo El Nuevo Herald.

El documento — emitido en julio — reconoce que entre estudiantes y profesores se manifiesta un ‘‘afán por obtener beneficios personales por encima de cualquier consideración colectiva, social y patriótica, así como confusión e incomprensión de los pilares básicos en los que se sustenta la ideología de nuestra revolución”.

“Estamos envueltos ante un nuevo proceso de controles y purgas ideológicas que recuerdan los peores momentos de etapas que parecían ya superadas”, relató un profesor de la Universidad de La Habana que habló con El Nuevo Herald bajo condición de no revelar su identidad por temor a represalias.

La fuente consideró que la sustitución del anterior ministro Juan Vela Valdés al frente del MES se debió a estos presuntos problemas detectados en los claustros profesorales y colectivos estudiantiles, aún cuando la nota oficial para su reemplazo reconoció “el esfuerzo realizado en esta labor”.

Al calor del documento del MES, las discusiones políticas con los estudiantes que solicitaron becas para Estados Unidos han derivado en numerosas sanciones contra los que militaban en la UJC, así como expulsiones indefinidas de la enseñanza universitaria.

“Se me ha dicho que estoy separada de la universidad y tengo pendiente el proceso de la UJC, donde me proponen una sanción temporal en consideración a que acepté autocríticamente mi responsabilidad al pedir la beca”, escribió un estudiante seleccionado para cursar el programa de liderazgo en Estados Unidos.

El estudiante — que también pidió anonimato — dijo que en el grupo de los seleccionados reina un profundo sentimiento de frustración.

“El estado de ánimo es el peor, porque nos sentimos desprotegidos. Nadie va a defendernos ni a entrar en un enfrentamiento directo con el gobierno cubano para reclamar nuestros derechos a optar por lo que pueden optar los estudiantes universitarios en todo el mundo”, agregó el joven, que reside en La Habana.

La negativa de las autoridades cubanas se produce en momentos en que la administración de Barack Obama parece decidida a facilitar más intercambios culturales y académicos con la isla, a pesar de la parálisis manifiesta por el gobierno cubano en la esfera política.

Esta semana el gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, abogó por la ampliación de los viajes y contactos culturales entre Estados Unidos y Cuba, y evaluó como muy fructíferas sus conversaciones con altos funcionarios cubanos durante su visita a la isla.

 

“Cuando se lanzó la convocatoria para estas becas [en el 2008], el gobierno cubano consideró nuestro gesto como una intromisión subversiva dirigida a la juventud, pero les respondimos entonces que en Cuba estudian Medicina varios jóvenes norteamericanos bajo un programa gubernamental y nosotros no nos oponemos”, contó un ex diplomático estadounidense que pidió no ser identificado. ‘‘Pero Cuba no parece entender de reciprocidad”.

Unos 90 jóvenes estadounidenses estudian actualmente en la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana con becas ofrecidas por el gobierno cubano. El programa se inició en el 2001 por iniciativa del entonces gobernante Fidel Castro y la primera promoción de ocho médicos se graduó en el 2007.

La música puede esperar

Sunday, August 9th, 2009

Paquito D’Rivera

8 de agosto, 2009

El Nuevo Herald - enlace con original

Desde la llegada de Fidel Castro al poder, comenzó a salir un verdadero ejército de “defensores de Cuba”. Eran los admiradores de figuras ya desprestigiadas y démodé como Lenin, Stalin y Mao, y a quienes la muerte del Che Guevara les vino como anillo al dedo para sustituir a sus anticuados, inquietantes e izquierdistas ídolos anteriores.

El problema es que esta “compasión cubana” parece tocar solamente a los cubanos simpatizantes de la dictadura, ignorando a los cientos de miles de exiliados, familias separadas, marginados políticos y religiosos, presos, fusilados y muertos en el mar huyendo del paraíso castrista en el que estos turistas de revoluciones ajenas se toman sus vacaciones ideológicas.

Recientemente, un grupo de artistas, educadores, académicos, profesionales y empresarios americanos han escrito una carta al presidente quejándose del embargo cultural contra la dictadura castrista. Exigen su derecho inalienable a viajar libremente a la isla y a recibir sin condiciones a cuanto artista envíe a puertos americanos la Cuba de Castro. Ni una sola palabra en cuanto a los millones de cubanos que desean salir y entrar de su país. ¡Qué egoísmo, caray!, hablar del “desinhibido flujo de arte, cultura, información, ideas y debates” cuando a millones de cubanos se les niega el derecho a la más básica información a través de internet, y mientras periodistas independientes viven amenazados o cumplen ya cárcel por el solo delito de informar e informarse. ¿Qué ciudadano cubano podría enviarle un documento de esta índole a Raúl Castro sin terminar en la cárcel, después de una soberana y marxista pateadura?

Que esa petición lleve las firmas de Harry Belafonte, Carlos Santana y otros miembros de la incoherente “izquierda caviar” americana no me extraña. Pero la adherencia de algunos de mis compatriotas y colegas músicos, conociendo muy bien lo que significa realmente “un diálogo respetuoso con el gobierno de Cuba”, me parece, cuanto menos, ridícula. Más apropiado sería una misiva al gobierno de los Castro, demandando el derecho de todos los cubanos a expresarse sin coacción, entrar y salir de nuestro país, elegir a nuestros gobernantes, y entonces pedir la firma de estos artistas, educadores, académicos, profesionales y empresarios americanos tan interesados en el libre flujo de las ideas. Mientras, la música puede esperar.

El Derecho a viajar

Friday, January 30th, 2009

Leonel Alberto Pérez Belette

Enlace con artículo original

LA HABANA, Cuba, enero 2009 - Cristina García Pérez tiene 10 años y no comprende porque su abuela llora casi todos los días. El régimen mantiene retenida a la niña en Cuba como castigo a sus padres, trabajadores del sector de la salud, que decidieron no regresar a la Isla.

Su caso no es el único, pues las autoridades de Emigración castigan a cientos de profesionales, a los cuales  consideran desertores, reteniendo a sus hijos.

La abuela de la niña, Norma Herminia Place, ha recorrido varias veces las oficinas de Emigración y no ha encontrado solución al caso. Lleva esperando más de cinco meses por el permiso de salida del país para su nieta. Según declaró, los trámites para obtener el visado de la menor en la embajada de Ecuador, fueron sencillos y la cónsul, Patricia Muñoz, lo otorgó de inmediato. Norma se hizo cargo de la tutela de Cristina para que su hija pudiese salir adelante y siempre con el propósito de que, una vez que la madre tuviese condiciones, la niña se reuniera con ella.

Norma tiene 75 años y teme que no le alcancen las fuerzas para atender las necesidades de su nieta, Para llevarla a la escuela, recogerla, alcanzarle la merienda y el almuerzo, la anciana tiene que subir y bajar los 14 pisos de su edificio. La situación también ha afectado a la niña, que ha tenido que ser atendida por un psicólogo a consecuencia de la forzosa separación.

El otorgamiento del permiso de salida de la niña podría prolongarse aun más debido a que el padre de Cristina, el doctor Michael Antoine García, recientemente desertó en Guatemala, país al que fue destinado por el MINSAP como parte de una brigada de médicos.

El caso no es único; varias familias cubanas se encuentran en la misma situación debido a lo que constituye una obvia estrategia del gobierno para impedir la deserción de los médicos enviados al extranjero a cumplir las llamadas misiones internacionalistas.

El gobierno ha hecho de los profesionales, sobre todo los médicos, un lucrativo rubro de exportación, en detrimento, además, del cada vez más deteriorado sistema público de salud. A cambio de los servicios prestados por estos profesionales en diferentes países, el gobierno cubano recibe sumas de dinero o productos muy superiores a los miserables salarios que les paga. A los profesionales no les es permitido viajar con sus familias, que quedan en la isla en calidad de rehenes, para impedir posibles deserciones.

Disenchanted With Castro’s Revolution

Thursday, January 29th, 2009

By a WALL STREET JOURNAL Staff Reporter - link

Jan 28, 2009

On Jan. 8, 1959, 50 years ago this month, Fidel Castro rode into Havana on a column of tanks to mark the triumph of the Cuban revolution, cheered on by throngs of flag-waving Cubans and heralding what many hoped would be a new dawn for the island, the hemisphere and the world. It was a day that would forever mark Carmen Vallejo’s life.

The story of Carmen Vallejo and her family is, in many ways, the story of the revolution itself and its legacy over the past half century. Like many other Cubans, the Vallejo family strongly supported the revolution that ousted dictator Fulgencio Batista and brought Mr. Castro to power. But the ensuing years brought disillusionment, disappointment and despair.

Today, Ms. Vallejo, 56, feels trapped by the events of 1959. She can’t travel outside Cuba or hold a prominent job, the result of a failed attempt to defect in 1981. Desperate to find meaning in their lives outside of politics, she and her husband, Rey, have dedicated the past 19 years to helping Cuban children with cancer. But even that mission is met with hostility from a government that never forgives those who question it.

“Having a totalitarian system means total control. They don’t like it when someone else tries to resolve problems for people,” she says.

Such talk is rare in Cuba, where most people are afraid of getting jailed for speaking out against the government. But Ms. Vallejo has spent her life coming to terms with her country, her family’s role in helping the revolution, and her fate. Her favorite poet is Anna Akhmatova, a Russian who lived under Stalin and wrote about the despair of totalitarianism. Ms. Vallejo has underlined the following lines from one of the poems: “I am not one of those who leave my country. I am, unfortunately, where my people are doomed to be.”

Ms. Vallejo’s family had an unusually distinguished revolutionary pedigree. Her father was a prominent Cuban physician named Rene Vallejo, who served with the Third U.S. Army in postwar Germany, running a hospital that cared for the sick and war wounded. There, he met a Ukrainian nurse who had been in a Nazi forced labor camp and passed herself off as Polish to avoid being sent to the USSR. The couple married before returning to Cuba.

After about a decade in Cuba, Mr. Vallejo left a successful medical practice and took his two brothers to join Fidel Castro in the Sierra Maestra mountains to topple the Batista regime. Later, he rose to the rank of commander and became Mr. Castro’s personal doctor, aide de camp and close friend. Mr. Vallejo’s wife, Maria Witowska, also helped the cause, using her home to hide rebels and send supplies to Mr. Castro during the revolution. After the revolution, she became his personal secretary. A picture of her taken by Alberto Korda, the photographer who took the iconic portrait of Che Guevara, still hangs in Carmen Vallejo’s Havana apartment.

During the first few years after the revolution, Mr. Castro remained so close to Rene Vallejo that the comandante often spent the night at Mr. Vallejo’s home, staying up for hours discussing politics. “I never liked Fidel because every time he would come to our house, I was rushed by my father into a bedroom and told to be quiet,” says Carmen.

But the Vallejo family slowly fell out of favor with the revolution. Her father, having spent time with the Americans in World War II, encouraged Mr. Castro to make amends with Washington. He was heavily involved in a then-secret attempt to re-establish U.S.-Cuban ties in 1963, according to Peter Kornbluh, a senior analyst at the Washington-based National Security Archive, a nongovernmental research institution. That effort, which had President Kennedy’s blessing, ended with the president’s assassination.

Ms. Vallejo thinks her father simply ended up being too much of a free spirit for Mr. Castro to fully trust. “He had respect for every person, for every individual, and the regime does not care about individuals,” she says. Whatever the cause, after Mr. Vallejo’s death in 1969, he was largely airbrushed out of Cuban history, and today few Cubans know of his role in the revolution.

Ms. Vallejo’s mother, Maria, meanwhile, became suspect for her Catholic beliefs. She gave her daughter a first communion ceremony in 1960, raising eyebrows among Communist Party officials. Soon, she was demoted from Mr. Castro’s personal secretary to translator. She grew increasingly disillusioned about having survived Stalin and the Nazis only to end up with another totalitarian regime.

Before her death in 1990, Maria Vallejo wrote a letter to her dead mother: “My life is wrecked. I ask myself: What am I doing in this land? …. What sentence do I have to pay and why? Why do I have to suffer like this? …. Must I always, always have to suffer? Will they keep humiliating me? Why? What did I do that was so wrong? …. Mother, come, don’t leave me alone. Why didn’t you tell me the world and its men were so cruel?”

Carmen Vallejo suffered the privations of ordinary Cubans, despite her family’s prominence in the revolution. A lack of vitamins during her college years left her with damage to her left eye.

In 1981, with the blessing of her husband, Ms. Vallejo used an opportunity of a trip to Finland to get eye treatment to take a ferry to Sweden to try to defect. But Sweden’s then-socialist government of Olaf Palme handed her back to the Cubans, who swiftly exacted revenge. Her husband and mother both lost their jobs, and they began to be constantly harassed by party officials. On the door of their family home, someone spray-painted “Gusanos,” or “Worms,” the Cuban words for counterrevolutionaries. When Ms. Vallejo would run across teachers at the university, they would spit in her path.

Ms. Vallejo and her husband sank into a depression that lasted until 1988, when Mother Teresa visited Cuba to open up one of her charity’s missions. Because Ms. Vallejo was active in the Catholic church, she served as Mother Teresa’s interpreter. During the visit, the late sister befriended Ms. Vallejo and told her God had a mission for her: To care for Cuban children with cancer. “After our first visit to the children’s ward (in Havana’s main oncology hospital), I cried and prayed to God that I wouldn’t have to do this,” says Ms. Vallejo. “But, somehow, Mother Teresa knew exactly what we needed.”

For the next 15 years, Ms. Vallejo and her husband visited the children in the cancer ward several times a week, organizing parties, bringing presents and trying to cheer them up.

Children with cancer in Cuba get free treatment courtesy of the state, but they also face additional horrors in addition to their disease, including a lack of the latest treatments, clean sheets, air conditioning and even basic food. Aimee Linares’s son Nelson, 7, had a malignant tumor in his intestines. During bouts of chemotherapy, the only food the boy seemed able to digest was apples, which the hospital couldn’t provide. His mother would walk the streets until her feet blistered looking for a single apple for sale.

Ms. Vallejo and her husband’s group began attracting attention from foreign diplomats stationed in Havana, and soon got donations from abroad, mostly from Europe and the U.S. A hospital in Grand Rapids, Mich., began a program to send chemotherapy medications that were unavailable in Cuba, and bringing Cuban cancer specialists for monthlong stays to learn the latest treatments.

But in 2003, during the U.S. invasion of Iraq, Cuba arrested scores of dissidents and threw them in jail. The European Union broke diplomatic relations. The following week, the children’s ward ended visiting hours, making it impossible for Ms. Vallejo to carry on her work. Ms. Vallejo says she learned from the hospital staff that party officials were punishing the group for their contact with foreign enemies.

The couple convinced a local priest to let them organize a cancer support group at the church held every Saturday. Parents with children at the oncology hospital come and meet with former patients who survived or children who still have cancer but are living at home. During a recent Saturday, the children were busy drawing with crayons (a luxury in Cuba) while the adults talked with Sergio Davila about his four-year-old son Brian, who has leukemia.

“I feel like crying when I see him, but I know the thing he needs most is for me to be strong, and smile,” said Mr. Davila, 47, who is from another city and has been living in Havana since his son entered the hospital. He sleeps in the hospital corridors.

Despite the altruistic nature of the group’s work, the Cuban state still interferes, throwing up bureaucratic obstacles and harassing the children’s mothers. Recently, some Western diplomats were going to throw a Christmas party for the kids, many of whom had never seen a Santa Claus. Secret police turned up at the homes of several parents and told them not to send their kids to the party because it was being held by the enemy. “I told them that I didn’t care what country someone was from as long as they could put a smile on my little boy’s face,” says Ms. Linares.

Ms. Vallejo says the group has given her life meaning again after she lost all hope of ever leaving Cuba and building a normal life. Looking back on 50 years of the revolution and her family’s role in it, she has only one thing to say: “No more revolutions, please. My life has taught me that change should be gradual. No more revolution. Never again.”

Hilda Moilina - solicitud de ayuda para mis nietos que dirigí a la presidenta de la Argentina

Wednesday, January 21st, 2009

Una aclaración sobre la solicitud de ayuda para mis nietos que dirigí a la presidenta de la Argentina

Por Hilda Molina

19 de enero de 2009

http://www.hildamolina.blogspot.com/

CADAL - enlace

Siempre que los cubanos necesitamos o deseamos salir de nuestra Patria o entrar en ella, tenemos obligatoriamente que pedir permiso al gobierno implantado en el país desde hace medio siglo. Sólo con ese permiso podremos lograr tan personalísimo objetivo.

Cuando en 1994 supe que iba a ser abuela, solicité mediante los trámites establecidos, el permiso de viaje imprescindible para visitar la Argentina, con vistas a asistir al nacimiento de mi primer nieto. Mi adorado primer nieto Roberto Carlos, cumplirá 14 años el próximo mes de Junio, y aun no lo conozco. Mi adorado segundo nieto Juan Pablo, cumplirá 8 años el próximo mes de Mayo, y aun no lo conozco. La Convención para los Derechos del Niño de la UNICEF, reconoce a cada niño del mundo, el derecho a crecer en una relación normal con toda su familia. Jamás mis nietos argentinos, han podido disfrutar de esta bendita relación con su familia paterna cubana. Y esto es así, porque el gobierno cubano viola permanentemente sus derechos, al negarme durante más de catorce años el permiso para visitarlos; y al retener por la fuerza en Cuba durante dos años a mi anciana madre, impidiéndole viajar a la Argentina.

Aunque estoy consciente de que la libertad de movimiento dentro y fuera de la propia Patria, es un derecho indeclinable que Dios nos concede al crearnos libres y a Su imagen y semejanza; aunque estoy consciente de que éste es un elemental derecho reconocido y respetado en el mundo civilizado, he solicitado sin cesar y disciplinadamente, el permiso de viaje a las autoridades de la isla, pero mis gestiones han sido inútiles, porque el gobierno no solamente me lo niega, sino que ha respondido con mentiras, burlas y humillaciones. Ante esta realidad, he pedido y continúo pidiendo respetuosamente ayuda, a personas de otros países, reconocidas por su sensibilidad y su histórica defensa de los derechos humanos. Resulta realmente doloroso y degradante para una mujer de mi edad, implorar en pos de derechos que incuestionablemente me pertenecen, y que hombres endiosados se afanan en usurparme. Pero cuando suplico no lo hago por mí. Yo estoy dispuesta a asumir y a enfrentar cualquier sufrimiento, cualquier agresión. He pedido ayuda, porque me es imposible mantenerme callada frente al sufrimiento de los seres que más amo: nietos, nuera, hijo y madre. He rogado ayuda, porque con mi silencio me convertiría en cómplice de los que torturan cruelmente a las personas más vulnerables de mi familia: mis inocentes nietecitos; y mi madre anciana, enferma e indefensa.

Desde la edad de 15 años, vivo en una sociedad radicalmente politizada, donde todo obedece y responde a la política única del gobierno, donde todo está sujeto a férreos controles políticos. Sin embargo, nunca me ha gustado ni me ha interesado la política. No tengo aspiraciones políticas; carezco de habilidades políticas. Pero esto no ha sido óbice para que cumpliendo con lo que considero un elemental deber, critique pacíficamente aquí en mi país lo que en mi criterio merece crítica; y exponga las traumáticas experiencias que he vivido en estos últimos 50 años. Es por eso que cuando levanto mi voz en defensa de mis idolatrados nietos, y en defensa de nuestros derechos familiares, el gobierno cubano y sus voceros internacionales, tratan de descalificar mis sentimientos de abuela, de madre y de hija; e intentan promover la absurda y antihumana idea de que mi indiscutiblemente lógica actuación, tiene un trasfondo político.

Agradezco desde lo más profundo de mi corazón al Dr. Néstor Kirchner, pues su gobierno fue el primero de aquella nación que se preocupó por el sufrimiento de mi familia; agradezco a los miembros de ese gobierno, que con gran respeto, interés y perseverancia, recepcionaron y atendieron nuestra solicitud desde el inicio. Agradezco a la Dra. Cristina Fernández, la sensibilidad que ella y su gobierno han mostrado hacia la situación que viven mis nietos; y en especial, sus valiosas gestiones, que permitieron el viaje de mi madre a la Argentina el pasado año. Agradezco también al General Raúl Castro, su gesto racional y piadoso, al concederle el permiso requerido.

Recientemente conocí que la Sra. Presidenta de la Argentina, Dra. Cristina Fernández, viajará a Cuba. De inmediato le solicité a través de una carta, que intercediera en aras de que el gobierno cubano cese en su empeño de continuar impidiendo la felicidad de mis nietos, sus pequeños compatriotas. No le he pedido a la Excelentísima Sra. Presidenta de la Argentina, que suscriba mis pacíficas opiniones críticas sobre el régimen cubano. No le solicito que respalde mi condición de disidente. No intento derrocar al gobierno, ni le pido colaboración al efecto. No le he solicitado ayuda para lograr el respeto de nuestras libertades conculcadas. Yo sé que el valiente pueblo argentino sufrió los horrores de dictaduras militares. Yo conozco que cuando figuras prestigiosas de otros países visitaban y brindaban su apoyo a los que se oponían a esas dictaduras, aquellos valerosos argentinos se sentían menos desamparados, menos indefensos, más comprendidos, menos calumniados, menos olvidados. Aunque realmente necesitamos de una solidaridad similar; aunque Cuba necesita que no solamente sea escuchado y atendido el discurso único, monocorde y perenne del gobierno, no he pedido a la Excelentísima Dra. Cristina Fernández un respaldo semejante al que los opositores argentinos recibieron en la época de las dictaduras. Le he rogado únicamente, con humildad y desde el fondo de mi corazón, como sólo una abuela puede hacerlo, que ayude a dos inocentes niñitos argentinos, mis maravillosos nietos.

El gobierno cubano, experto en reclamar, exigir y protestar en múltiples tribunas, defendiendo intereses propios y ajenos; experto en poner condiciones al mundo entero, al tiempo que no admite condiciones; experto en exigir y al unísono violar derechos, no admite ni acepta el justo y sencillo reclamo de nuestra familia. El gobierno cubano olvida que el amor maternal vive en los genes mismos de todos los seres vivos femeninos; olvida que hasta las hembras de los niveles inferiores de la escala zoológica, seres no pensantes, sin política ni ideología, aman a sus retoños y luchan por ellos. Y es en base a esa evidente realidad, que la sagrada relación sustentada en los universalmente venerados amores de madres y abuelas, no debe ser nunca invadida, no debe ser nunca profanada, ni por políticas, ni por ideologías, ni por brutales venganzas. Las siempre demoníacas agresiones a la maternidad y a la doble maternidad implícita en la condición de abuela, hieren letalmente las entrañas mismas de la naturaleza; y niegan los principios básicos y elementales de la condición humana. Por eso nuestro sabio y admirable apóstol José Martí, paradigma del respeto, el amor, y la consideración que merece la mujer, primera y divina cuna de la vida, dijo en uno de sus maravillosos versos sencillos, “…no empañes tu vida diciendo mal de mujer”. Sería ciertamente muy bueno para nuestra Patria que los gobernantes cubanos, que han proclamado a Martí como autor intelectual de su revolución, siguieran las enseñanzas sobre la mujer y las familias de este hombre excepcional, el cubano más grande de todos los tiempos.

La sentida y respetuosa petición de apoyo para mis nietos, que como abuela dirijo a la Sra. Presidenta de la Argentina, en manera alguna constituye una presión ni sobre el gobierno argentino ni sobre el gobierno cubano. En la Argentina viven todos mis amores. Cuba es mi Patria. Sólo deseo que las relaciones entre ambas naciones, resulten beneficiosas para sus respectivos pueblos. ¿Es que existe una razón mínimamente aceptable, capaz de explicar el ensañamiento interminables del gobierno cubano con mis nietos argentinos? ¿Es que existe una razón mínimamente aceptable, que explique por qué el gobierno cubano me impide ser abuela y madre? ¿Por qué los que gobiernan en Cuba se comportan como si mi visita a mis nietos, y mis derechos de abuela y madre, constituyeran un peligro para el poder que ejercen en el país? Ruego a Dios que este mensaje sea acogido por los destinatarios. Con la misma sinceridad y buena voluntad con que yo lo envío. Ruego a Dios que las personas civilizadas, sensibles y desprovistas de ese odio prepotente, irreflexivo y obnubilante que deshumaniza al ser humano, al leer este mensaje, comprendan la verdad y justeza de mi sencillo reclamo. La que escribe estas líneas, una humilde abuela cubana de más de 65 años, sola y enferma en mi país, ruego a la Excelentísima Dra. Cristina Fernández, defensora histórica del respeto a los derechos humanos; y Presidenta de mis nietos, que si le es posible, por razones no políticas sino estrictamente humanitarias, ayude a mis nietos argentinos a poder disfrutar por primera vez en sus dulces existencias, de una relación normal con su abuela paterna; y que contribuya con sus valiosísimas y nobles gestiones, a que se hagan realidad en ellos las hermosas palabras de nuestro José Martí: “Los niños nacen para ser felices”.

 

http://www.hildamolina.blogspot.com/

The right to freedom of movement and Cuba

Sunday, January 11th, 2009

Radio Netherland Worldwide - link

BY DAVE MCGUIRE

Jan 09, 2009

Nanci Rodriguez and Marlene Arzola are Cuban-American and separated from their families in Cuba. Both of them would like the freedom to travel where and when they like, but both the Cuban and American governments have restricted their rights.

Asylum

Nanci is a doctor who left Cuba to work in Venezuela. When she learned that the United States will grant asylum for Cuban professionals and their children, she went to the U.S. embassy and eventually immigrated to America.

Soon after, she received entry visas for her son and daughter to join her in Florida. But the Cuban government refused to grant them permission to leave.

“Even if I decided to go back to Cuba, the government wouldn’t allow me in. I have been banned from entering Cuba, just as my children have been barred from leaving the country. So we can’t be together until I don’t know when. Until God lets us come back together”.

It’s been a year and a half since she’s last seen her children, and the separation is unbearable, she says.

 

Marlene Arzola: activist for change.

Travel restrictions

Marlene Arzola is also a Cuban immigrant in Florida. She decided she wanted to leave Cuba as a young woman. She took a study abroad trip to East Germany, and was amazed at the rights and freedoms the East Germans had when compared to her own experience in Cuba.

She decided to leave, and eventually landed in Miami. She’s become a vocal activist for democratic change in Cuba, while calling for the end of the U.S. embargo against her home country.

Marlene and her son used to visit her aging mother and nephew every year. But in 2004, the U.S. government changed the rules. Instead of a visit every year, they can only visit every three years. Her son, Marlene says, is missing out on a relationship with his only grandparent. And her mother, who is aging and unwell, misses her support.

Listen to our conversations with both Marlene and Nanci to hear more about how divided families are having their right to free movement restricted by the governments of both the U.S. and Cuba.