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El Grupo Río bloquea la democracia en Cuba

Wednesday, January 21st, 2009

Por Gabriel C. Salvia

18 de diciembre de 2008

Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL ) - enlace

El Grupo Río, un mecanismo latinoamericano de articulación política y negociación diplomática creado en 1986 e integrado ahora por 23 países, acaba de incorporar como miembro pleno a la dictadura cubana durante la cumbre presidencial del Mercosur realizada en Costa de Sauipe, estado brasileño de Bahía, el pasado miércoles 17 de diciembre.

Esto sucedió luego de la reciente represión a la disidencia pacífica en Cuba, que simplemente pretendía celebrar el pasado 10 de diciembre el Día Internacional de los Derechos Humanos. Al respecto, José Miguel Vivanco, Director para las Americas de la prestigiosa organización internacional Human Rights Watch, señaló que “Esta última ofensiva es otra prueba más de que, pese al traspaso de poder de Fidel a Raúl Castro, el gobierno cubano continúa reprimiendo el ejercicio más básico de los derechos humanos”.

La incorporación de la dictadura cubana al Grupo Río forma parte de la permanente ofensiva diplomática de ese país para intentar legitimarse internacionalmente y de esa manera seguir manteniéndose en el poder a través de un régimen legal represivo de las libertades democráticas fundamentales. Esto es acompañado, además, de las presiones para que Cuba retorne a la OEA, donde está suspendida por ser una dictadura y cuya reincorporación lo impide el hecho de que el sistema jurídico de la isla viola expresamente lo establecido en la Carta Democrática Interamericana.

Sobre lo anterior, el comunicado de Human Rights Watch es contundente: “El gobierno cubano continúa restringiendo prácticamente todas las vías de oposición política, e impone estrictos límites a la libertad de expresión, asociación, reunión, circulación y de prensa. Las leyes y las instituciones de Cuba, bajo el control del estado, ofrecen el fundamento que permite estas violaciones de derechos básicos, en tanto los procesos penales, las detenciones, el hostigamiento y la vigilancia se utilizan habitualmente para reprimir a la oposición. Además de los disidentes que fueron detenidos en los últimos días, son más de 200 las personas encarceladas en Cuba por razones políticas”.

Sin embargo, la dictadura cubana logró en la región un nuevo triunfo de su política exterior, el cual será ampliamente difundido al estilo orwelliano por los monopólicos medios estatales en la isla, enviando así un mensaje de adhesión internacional a su sufrida población que servirá al mismo tiempo para intentar desmoralizar a la valiente oposición interna.

Como siempre en estos ámbitos internacionales, los representantes de los países de la región, como la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, públicamente reclamaron el fin del embargo, al que erróneamente llaman “bloqueo”, pero no realizaron ningún pedido de apertura democrática y liberación de presos políticos al ilegítimo gobierno de Cuba. 

Y si bien ya no sorprende la indiferencia hacia el pueblo cubano por parte de los gobiernos de distintos signos políticos de la región, resulta un enorme retroceso democratizante el hecho de incluir en la declaración final de la Cumbre América Latina Caribe, realizada paralelamente a la reunión del Grupo Río, el “derecho de todo Estado a construir su propio sistema político”. Esto último contraría lo expresado en la Declaración de Viña del Mar durante la Cumbre Iberoamericana de 1996, donde enfáticamente se destacaba que “La noción de que ningún ciudadano puede verse afectado en sus derechos fundamentales en nombre de una visión dogmática acerca de la sociedad, del Estado o de la economía, debe afianzarse hondamente en la cultura democrática de nuestros pueblos”.

Lamentablemente, en estos tiempos lo único que parece haberse afianzado es la complicidad regional con la dictadura remanente que gobierna en Cuba.

 

Gabriel C. Salvia es Presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

Pablo Milanés confiesa su anticastrismo

Wednesday, January 14th, 2009

Alberto Müller

Enero 12, 2009 

Pablo Milanés desconfía del castrismo

Enlace con artículo en el blog de Alberto Müller

El famoso cantautor cubano, Pablo Milanés, acaba de expresar en una entrevista concedida en España, que podríamos calificar de una confesión pública, su profunda desconfianza con el régimen castrista.

Y es importante destacar, que la mayoría de los puntos de vista emitidos por Milanés recogen con admirable precisión el pensar y el sentir de la juventud cubana de intramuros en la actualidad.

A algunos les podrá disgustar que el cantautor de canciones inolvidables, como “Yolanda”, “Amo esta isla” y “Yo no te pido”, entre otras tantas, algunas hasta con loas a la revolución, con la que simpatizó sin fisuras en sus primeros tiempos, haya demorado tanto tiempo en descubrir el desastre caótico y represivo de la revolución cubana y la falta de libertad de expresión en la isla, pero la verdad es que la declaración de Milanés estremeció, sin simulación alguna, esa plataforma engañosa e injusta del régimen que gobierna en la isla.

Cuando pasamos revista a los 50 años del castrismo, nos percatamos de que el régimen ha logrado distanciar a algunos cubanos de intramuros con los del destierro, al menos transitoriamente, por la absoluta falta de libertad de prensa en la isla.

 

 La desinformación y la mentira, el régimen las ha utilizado con cierta habilidad para atemorizar a los de intramuros e intentar desprestigiar a los desterrados cubanos.

 

Sin embargo, a pesar de esa desinformación oficial de cinco décadas, el castrismo hoy se muestra como la peor de las mentiras que el pueblo cubano haya soportado en toda su historia:

 

•El castrismo prometió cumplir con el fundamento básico de la revolución cubana que derrocó al dictador Fulgencio Batista, que era respetar la libertad de prensa y convocar a elecciones libres en 18 meses, y el régimen comunista cubano lleva cinco décadas oprimiendo al pueblo con los métodos más salvajes del estalinismo, y por ende, sin libertad de expresión y sin elecciones democráticas pluripartidistas en la isla.

 

• El castrismo prometió reivindicar a los negros marginados en 1959 y hoy los cubanos negros representan el sector más discriminado y pobre de la sociedad cubana.

 

• El castrismo enfatizó en 1959 que erradicaría la prostitución y hoy la prostitución se ha incrementado en la sociedad cubana producto de la pobreza generalizada en el país.

 

• El castrismo garantizó en 1959 que crearía al Hombre Nuevo y hoy masivamente en la juventud cubana vibra la desesperanza y la mayor oposición al régimen de terror existente.

 

Pero volvamos a lo declarado por el cantautor Pablo Milanés, porque nos parece, que en el trasfondo de sus confesiones, está el pensar de la juventud cubana de la isla y la mejor muestra de la crisis brutal de miseria y de quiebra social que padece el pueblo cubano en la actualidad.

 

• Milanés comienza su confesión de forma descarnada, al decir que no confía en ningún dirigente cubano que tenga más de 75 años.

Esto quiere decir, sin trabalenguas ni subterfugios, que el cantautor de “Yolanda” no confía en Fidel ni en Raúl ni en Machado Ventura ni en Ramiro Valdés ni en Guillermo García ni en Juan Almeida, entre otros tantos, que forman la gerontocracia que gobierna a Cuba.

 

• Milanés prosigue su confesión diciendo que se debe pasar el mando a las nuevas generaciones, porque el socialismo castrista se estancó.

Esto parece querer decir, sin dobleces, que el país merece otro derrotero y otros dirigentes.

 

• Milanés confiesa que las ideas revolucionarios de antaño se han vuelto reaccionarias y no dejan avanzar a la nueva generación.

Esto pudiera sugerir un rechazo a las ideas estalinistas que han predominado en Cuba.

 

• Milanés confiesa que las nuevas generaciones se forman, pero luego tienen que emigrar para aplicar lo que estudian.

Esto es una opinión sobre los jóvenes, que afirma que en Cuba no existen condiciones para el desarrollo de esa juventud ni para el avance de un respeto a la condición humana.

 

• Milanés confiesa y reitera, que este ir hacia el exilio es muy triste e inadmisible, porque divide a la familia.

Esta reiteración es contundente.

 

• Milanés confiesa que en Cuba hay mucha gente que tiene miedo a expresarse, porque existe un sistema de represión que no permite hablar libremente y que hay que echarlo abajo de un modo radical.

Esta confesión algunos la considerarán subversiva.

 

• Milanés confiesa que el embargo tiene dos caras, porque está la otra cara del autoembargo, que utiliza el régimen como una emergencia para defenderse de sus propios errores.

Esta confesión es maravillosa, porque reconoce que el desastre es sistémico y no depende del exterior.

 

• Milanés confiesa que la dirigencia actual debe retirarse y no cree que haya que juzgarlos por nada.

Esta confesión expone para Cuba una vía similar a la de la transición española, que a pesar de la violencia sangrienta de la Guerra Civil, se enrumbó hacia la democracia, con un perdón nacional, que es el famoso y pragmático “borrón y cuenta nueva”.

 

• Milanés en su última confesión compara sus esperanzas con la presidencia de Barack Obama, por la llegada de un negro a la Casa Blanca, con el escenario cubano, donde los negros aún no tienen ni poder real ni oportunidades.

 

Hasta aquí las controvertidas confesiones de Pablo Milanés, que deben ser analizadas con el mayor desapasionamiento posible, porque entrañan una plataforma real de pensamiento, de una  mayoría considerable de la juventud cubana de intramuros.

 

Podemos coincidir o discrepar del cantautor Pablo Milanés, podemos coincidir con algunos puntos y discrepar de otros en sus confesiones.

 

Pero el meollo de lo dicho por Milanés es definitivamente muy grave para el castrismo y su gerontocracia.

 

Gracias Pablo Milanés por “Yolanda”, tú maravilloso poema amoroso, y por ésta, tú última confesión de corte contestataria y acusatoria sobre los desmanes del castrismo.

 

PUBLICADO EN DIARIO LAS AMERICAS

The hellish mindset of Cuba-enthusiasts

Sunday, January 4th, 2009

It is a rule of thumb that anyone given to praising Cuba under Castro is a person of poor judgment

by Minette Marrin

The Sunday Times - link to original article

January 4, 2009

Cuba - what a word to conjure with. And what nonsense people have used it to conjure up for half a century now. Those who are determined to see Cuba through the rosy tints of revolutionary spectacles have for decades claimed the country as proof that socialism can work; a Cuban David was able to stand up to the western Goliaths of colonialism and corruption, and Castro’s revolution 50 years ago last week brought peace and plenty - or, if not exactly plenty (given the wicked US blockade), then something better in the shape of brotherly and sisterly content and hospitals far better than those of the National Health Service.

All my adult life this has completely infuriated me. I cannot count the number of friends and acquaintances - at one time almost everyone in the BBC - who have flocked to Cuba and come back with socialist stars in their eyes. It has been extremely irritating to be lectured on Cuba’s moral rebuke to capitalist democracies by people who actually knew nothing about the place - even less, very often, than I did. Cubans are happy, they claimed; it’s a joyful, free society, full of hospitable, joyful people.

There was absolutely no arguing with them; the facts, or rather the absence of facts, simply did not bother them. And that is what is odd. What is the point of admiring something you know very little about?

No doubt there are good things to be said about Cuba. It’s even possible that there are good things to be said about Fidel Castro’s social experiments. But the point is that most people know little about any of it for the simple reason that for half a century it has been hard to discover any truths about Cuba. Almost since the revolution it has been a police state with a high proportion of political prisoners; there has been little or no freedom of expression or association, and people wanting to leave have been severely penalised. That has not stopped many thousands of Cubans trying to get away on little rafts, braving dangerous waters rather than stay with Papa Fidel.

Under such circumstances Cubans have not usually dared to tell visitors much, least of all tourists from the western media. Yet foreign friends of Cuba have willingly allowed themselves to be bamboozled; they have let themselves believe about Cuba whatever either Castro or their own romantic tendencies chose. Most useful idiots share with the rest of us a love of the wonderful Cuban band the Buena Vista Social Club, with its distinctly prerevolutionary Cubansonmusic, from the American film of 1999. Perhaps they are not aware that the band had been silenced nearly 40 years earlier. When, soon after the revolution in 1959, the new government decided to close down cultural and social centres and put countless musicians and artists out of work, the Buena Vista Social Club band was closed down too, until brought back together again in the musicians’ old age - by westerners.

It is a rule of thumb that anyone given to praising Cuba under Castro is a person of poor judgment. This has nothing to do with how much or how little Castro achieved; it has to do with what is necessary for good judgment. An essential part of good judgment is a respect for facts and, in the absence of many facts, a willingness to suspend judgment. It is an intellectual and a moral mistake to become cheerleaders in ignorance. It is the mark of a useful idiot, like those famous western cheerleaders for the communist USSR who were secretly despised by the Soviet leaders.

Useful idiots have always been a mystery to me. When I was an undergraduate in the late 1960s, student radicals would always proudly announce that although socialism might have failed in the USSR - it was never properly tried, they claimed - it worked in the People’s Republic of China. Then I went to live for several years in Hong Kong, off the coast of mainland China, and began to learn a few facts. It wasn’t easy to learn much, as China was a closed and paranoid society, difficult to visit and almost impossible for the Chinese to leave. But I couldn’t help noticing that almost every day bodies were washed up, mauled by sharks, of people who were prepared to brave the shark-infested waters, tied to air beds because they could not swim, in their desperate longing to escape the repression of communist China. This was in the early 1970s in the years following the horrors of the cultural revolution.

None of this stopped useful idiots, such as Jane Fonda and many even more distinguished western commentators, from coming through Hong Kong, on their way to cheerleaders’ tours of China, and announcing that China was a light unto the nations. They were absolutely deaf to any argument, including the knockdown and objective argument that the People’s Republic made it difficult to know any facts. There wasn’t any information.

When I went to China in 1974 we were spied on and saw nothing that was not planned, and this surveillance continued for years. When Mao Tse-tung died in 1976, large numbers of professional western “China-watchers” in Hong Kong admitted privately that they had no idea who Deng Xiaoping (his successor) was. The Chinese government’s statistics - and I edited for a while something called the China Trade Report - were a joke.

Yet these unquantifiable triumphs of Maoist China were solemnly quoted by people who should have known better. China’s economic triumphs were boasted among the bien pensants; they refused to discuss why other cultures in Asia, such as Singapore, Malaysia, South Korea and Thailand, had done much better without communism. And why didn’t the cheerleaders listen to the stories of the hundreds of thousands of people in Hong Kong who had escaped from China? Coming home for holidays I found my former student friends - now in television and academe - deaf to all evidence against Maoism.

Why are people so wilfully credulous? It is one of life’s many mysteries but it’s clearly deeply rooted in human nature. Even Gordon Brown, even now, has his supporters, who still believe in his masterful handling of our economy. Some people seem to need heroes and fantasies so badly that they are prepared to disregard not just the evidence but also the lack of it. My new year’s resolution for myself and for everybody else is to keep asking what the evidence is. And the retort to people who can’t or won’t produce any is: Cuba.

Minette Marrin

Minette Marrin is a journalist, broadcaster and fiction writer. She is a columnist for The Sunday Times, and has also written for The Sunday and Daily Telegraphs and The Spectator and The Asian Wall Street Journal. She regularly contributes to television and radio programmes

El castrismo: itinerario de una gran mentira

Monday, December 29th, 2008

Posted By Alberto Müller On Diciembre 29, 2008 

Enlace con el artículo original

Si quisiéramos sintetizar en una frase la historia de los 50 años de la revolución castrista, tendríamos que decir que ha sido el itinerario de una gran mentira de consecuencias catastróficas y perversas:

• El castrismo prometió reivindicar a los negros discriminados en 1959 y hoy los cubanos negros representan el sector más marginado y pobre de la sociedad cubana.

• El castrismo enfatizó en 1959 que erradicaría la prostitución y hoy la prostitución se ha incrementado en la sociedad cubana producto de la pobreza generalizada en el país.

• El castrismo garantizó en 1959 que crearía al Hombre Nuevo y hoy en la juventud cubana vibra la desesperanza y la mayor oposición al régimen de terror existente.

Los estudiosos de la revolución cubana afirman que los objetivos políticos de la revolución cubana, que derrocó a la dictadura de Fulgencio Batista en 1959, se podrían resumir en la restauración del Estado de Derecho, elecciones democráticas en un plazo de meses, libertad de expresión, garantías de justicia social y honradez administrativa en el país.

Inclusive el propio Fidel Castro, reiteró en varias comparecencias durante los primeros meses de 1959, su compromiso con el ideario democrático de la revolución.

Pero no podemos eludir que existía un pequeño grupo en los frentes guerrilleros de las montañas orientales muy cercanos a Fidel Castro, como su hermano Raúl Castro, el argentino Ernesto Guevara y Ramiro Valdés, entre otros, que profesaban públicamente compromisos con el estalinismo soviético.

Y ya está claro para los historiadores, que el propio Fidel, aunque lo negara en público, estaba decidido por la toma del poder absoluto, al estilo de Stalin, aunque tuviese que entregar los ideales democráticos de la revolución cubana a la Unión Soviética y a los métodos represivos y genocidas de la NKVD y de la STASI.

En esta disyuntiva del escenario ideológico de la revolución, comienza a ejecutarse la traición a los fundamentos democráticos del proceso revolucionario.

En una ocasión, uno de los profesores del estudiante Fidel Castro en el Colegio de Belén, lo confrontó en privado con la siguiente pregunta: ¿ Por qué eres tan mentiroso Fidel ?, a lo que Fidel Castro contestó con espontaneidad pasmosa: “Padre, la mentira es mi segunda naturaleza”.

Y eso explica como Fidel Castro utilizó todas las argucias de su mente, de su carisma personal y de su inteligencia, para traicionar el rumbo democrático de la revolución cubana.

A 50 años del triunfo revolucionario de 1959, los resultados de la desviación de la revolución cubana hacia el autoritarismo estalinista  presentan visos catastróficos, aunque algunos simpatizantes de la izquierda, por sectarismo o ignorancia, no lo quieran reconocer todavía:

a.- Trescientos mil cubanos han pasado por las cárceles políticas, además de la aplicación del terror a la población con el paredón de fusilamiento y las torturas sistemáticas.

b.- Cuba es el país, después de China, con más periodistas presos en el mundo.

c.- Dos millones de cubanos viven desterrados fuera de Cuba.

d.- Cuba presenta un déficit de más de un millón de viviendas.

e.- El nivel calórico de la población cubana se encuentra entre los países más pobres del mundo.

f.- La juventud cubana, masivamente sumida en la desesperanza, sueña con abandonar el país.

g.- En el 60 por ciento de las tierras cubanas crece el marabú, una planta no comestible y amarga, porque en la isla no hay estímulos para el trabajo.

h.- Los barrios miserias proliferan en cantidades alarmantes en las ciudades más importantes de Cuba.

i.- El índice de nacimiento en Cuba es uno de los más bajos del mundo, produciendo un envejecimiento y una pobreza alarmante de la población.

Y habría que decir que ninguno de estos índices del desastre catastrófico existían en Cuba al triunfo de la revolución.

Que conste que sabemos que Cuba no era perfecta en 1959, había problemas por resolver, pero su mal más evidente y compulsivo, era la dictadura de Fulgencio Batista, que había interrumpido el curso civilista y democrático de la nación.

Si bien es cierto, que las gratuidades en atención médica y educación son los únicos logros sociales visibles publicitados por el castrismo durante estos cincuenta años, y no pretendemos negarlos, la propia dirigencia oficialista se ha encargado de denunciar el deterioro de ambos servicios en la Cuba actual.

Claro, en esta acápite educativo y de atención médica, habría que apuntar, que Cuba estaba entre los tres países con menos analfabetismo en América Latina en 1959, y que su servicio asistencial de salud era de los más eficientes y extendidos del continente, al momento del triunfo revolucionario.

Tampoco eran servicios perfectos, lo sabemos, pero estaban muy distantes de ser catastróficos.

La revolución contra la dictadura de Batista se hizo para restaurar el curso democrático del país y no para instaurar en el país una brutal dictadura estalinista, que ha hundido a Cuba en la más dolorosa catástrofe represiva y en la más aguda pobreza de su historia.

A 50 años del triunfo de la Revolución de 1959, los niños que murieron en las masacres del “Remolcador 13 de marzo” en 1994 y del pueblo de Canimar en 1980, por sólo mencionar dos de los cientos de crímenes del castrismo, son una muestra inequívoca del saldo sangriento de una revolución que desvió su rumbo hacia el estalinismo más brutal, en lugar de ceñirse a las promesas democráticas y de justicia social, que la sustentaron.

A 50 años del triunfo de la Revolución de 1959, los aliados más representativos del castrismo han sido los terroristas de ETA, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), de los grupos terroristas de Hezbolah y Hamas, de otros grupos terroristas menores en todo el mundo, sin descontar el jugueteo público del castrismo con el narcotráfico.

Uno de los aliados más fieles del castrismo, durante décadas, ha sido Robert Mugabe, el despreciable dictador de Zimbabwe, sin olvidar los nexos del castrismo con los sanguinarios dictadores Nicolás Ceasescu de Rumania, Saddam Husein de Irak y Kim-il –Sun de Corea del Norte, entre otros.

A 50 años del triunfo de la Revolución de 1959, la verdadera esperanza para los cubanos tiene que sustentarse en la libertad, la reconciliación, la democracia plena y la instauración de un Estado de Derecho en Cuba.

No hay que estimular ningún proceso vengativo en Cuba, simplemente poner al ciudadano cubano en el sitial de respeto que se merece y dejarlo que ejerza sus derechos en plena convivencia civilizada.

El tránsito del terror existente a la libertad plena en Cuba, lo veremos en un proceso relativamente corto, porque precisamente la dictadura castrista transcurre por un proceso irreversible de senilidad y  agotamiento.

Hollywood Celebrates Che Guevara

Monday, December 29th, 2008

But it makes no films about the Cuban resistance movement.

By MARY ANASTASIA O’GRADY

Dec 29, 2008

Link to original article in The Wall Street Journal 

Hollywood hotshot Benicio Del Toro is not a stand-up comic, but he seemed to be playing one earlier this month when he said he found the role of Cuban Revolution hero Ernesto Guevara, in the new film “Che,” like Jesus Christ.

“Only Jesus would turn the other cheek. Che wouldn’t,” Mr. Del Toro explained. Right. And Bernie Madoff is Mother Teresa, only she wasn’t into fraud.

With next month marking the 50th anniversary of the Castro dictatorship, it’s no surprise that the film industry is trying to cash in by celebrating pop-culture icon Guevara. As one of Fidel Castro’s lieutenants in the Sierra Maestra and a Castro enforcer in the years following the rebel victory, his name is synonymous with the Cuban Revolution.

Interesting films are hard to come by these days and “Che” is a good example of the problem. Rebel glamour sells T-shirts and coffee mugs so why not another airbrushed rerun of Guevara’s life? Or, more precisely, some mythical version of it, sanitized for the mass market. Meanwhile the real marvel of the past 50 years in Cuba — the steady stream of heroic nonconformists who have risked all in their aspiration to think, speak and act freely — remains the untold epic of our time.

If Mr. Del Toro’s “Christ” comment is foolish, it’s nothing compared to film director Steven Soderbergh’s explanation of why we should care about Che. Bad things happen in society when “you make profit the point of everything,” the movie director told Politico.com. Che’s “dream of a classless society, a society that isn’t built on the profit motive, is still relevant. The arguments still going on are about his methodology.”

Putting aside for a moment the hilarity of Mr. Soderbergh’s personal revulsion with profits, the “methodology” that he suggests is debatable is otherwise known as murder. Che had a “homicidal idea of justice,” Alvaro Vargas Llosa explained in The New Republic in 2005, after researching his life. In his April 1967 “Message to the Tricontinental,” Che spoke these words: “hatred as an element of struggle; unbending hatred for the enemy, which pushes a human being beyond his natural limitations, making him into an effective, violent, selective and cold-blooded killing machine.”

The results of Che’s utopian agenda aren’t much to admire either. As author Paul Berman explained in 2004 in Slate, “The cult of Ernesto Che Guevara is an episode in the moral callousness of our time. Che was a totalitarian. He achieved nothing but disaster.”

The miserable Argentine was killed in 1967 in the Bolivian Andes while trying to spread revolution in South America. But his vision of how to govern lives on in the Cuba of today. It is a slave plantation, where a handful of wealthy white men impose their “morality” on the masses, most of whom are black and who suffer unspeakable privation with zero civil liberties.

There is something rich about the supposedly hip, countercultural Hollywood elite making common cause with Cuba’s privileged establishment in 2008. Its victims — artists, musicians, human-rights activists, journalists, bloggers, writers, poets and others deprived of freedom of conscience — would seem to deserve solidarity from their brethren living in freedom. Instead, the ever-so avant-garde Soderberghs side with the politburo.

The Cuban regime loves its apologists. They give cover and deflect international criticism while at home the regime brutalizes its people. Reports from the island are that since Raúl took over from Fidel in 2006, the repression has gotten worse.

Oswaldo Payá, leader of the Varela Project, which collected more than 11,000 signatures calling for free elections and civil liberties in 2002, says that in recent months there has been a crackdown, “with a fierce persecution against Varela Project activists, other members of the opposition, and the ongoing scandal of not freeing the prisoners of conscience.”

Among Castro’s captives is Oscar Elias Biscet, an Afro-Cuban doctor who is renowned for his commitment to peaceful resistance and is serving a 25-year sentence. Fifty-eight journalists, writers and democracy advocates rounded up in March 2003 also languish in Fidel’s deplorable jails. The total number of political prisoners is not known but is undoubtedly much higher.

State security and rapid-response brigades — aka thugs paid to rough up dissidents — have been fully employed this year. But, despite the terror and the threat of imprisonment, the Cuban spirit still struggles for freedom.

At least five resistance publications now circulate in eastern Cuba. Thirty-two-year-old blogger Yoani Sánchez has been warned to keep quiet, but she still chronicles the ridiculousness of Che economics, giving a voice to ordinary Cubans who live lives of desperation. The Ladies in White — wives, sisters and mothers of prisoners of conscience — still walk quietly in Havana on Sundays. Rock bands mock the old dictator.

This is the wonder of the revolution: Fifty years of state terror hasn’t silenced the resistance. Maybe one day Hollywood will make a film about it.

Write to O’Grady@wsj.com

PROHIBIDO A LOS CUBANOS

Thursday, December 25th, 2008

PROHIBIDO A LOS CUBANOS

What Cubans Can Not Do Under Raul Castro – 8/6/2008

Socio-Economic Conditions in Pre-Castro Cuba*

Wednesday, December 24th, 2008

 Socio-Economic Conditions in Pre-Castro Cuba*

Condiciones Socio-Economicas En Cuba Antes De La Revolucion — 12/11/2008

Cuba: Lecciones de estrategia del comandante Raul Castro

Monday, December 22nd, 2008

La apertura como discurso…

Fernando Ruiz
MONDAY, DECEMBER 15, 2008

Enlace con articulo original en HACER — Hispanic American Center for Economic Research

Un cuento que circula en Cuba dice que un disidente preso le pregunta a su madre:

- ¿Es verdad que hicieron cambios?
- Bueno, donde se nota es en los periódicos extranjeros

Pongan la palabra “apertura” en los buscadores de los medios locales de Cuba y verán que nada se dice. Es un mensaje de exportación.

Ha habido muchas aperturas solo de palabra que fueron útiles para que la dictadura pudiera gestionar las críticas sin que estas destruyeran el régimen. El mecanismo consiste en incentivar el discurso sobre la apertura, pedir la realización de debates en todo el país, tolerar que la prensa difunda críticas a los niveles locales de gobierno y administración, o señalar errores en grandes ceremonias públicas. Estas fueron todas herramientas para el sostenimiento del poder, para defender con eficacia la sociedad cerrada.

A veces se dice que las dictaduras silencian las críticas. En realidad, las dictaduras que han desarrollado como la cubana la pericia del control político no silencian las críticas sino que las administran. Recorrer los discursos de los hermanos Castro a lo largo de la historia nos lleva a construir un catálogo de críticas realizadas por ellos desde la cúpula, inmediatamente seguidas por las políticas públicas que deberían corregir los problemas sociales denunciados.

A mediados de este año, Raúl Castro cuestionó, en un solo discurso, a las políticas agropecuaria, migratoria, económica, educativa, a funcionarios del partido Comunista que son grandes simuladores, a trabajadores que son vagos, que roban o que faltan a sus trabajos, a gerentes que buscan excusas y no soluciones, a los habaneros que no quieren ser policías, a los maestros, a los que no quieren ser maestros.

Han desarrollado también la apertura post morten. Cuando muere el gran artista, escritor o músico que fue marginado o castigado, después de un tiempo se resucita su obra y se lo intenta incorporar al patrimonio de la revolución que lo condenó. Otros permanecen en vida en un limbo indefinido como el cantautor Carlos Varela, tan bueno como Silvio Rodríguez o Pablo Milanés, pero con menor calor oficial. A Varela se le ocurrió escribir, entre otras, la canción Guillermo Tell en la que dice “ahora le toca al padre la manzana en la cabeza”. También el grupo rockero Porno para Ricardo entra y sale de la cárcel por el sentido de sus letras, como la que se refiere a El Coma-Andante.

La apertura es un pulmón que se abre y se cierra, según las necesidades. Se puede cuestionar lo que los líderes cuestionan mientras estos lo sigan haciendo. Hay un tiempo y una dimensión de la crítica delimitada por ellos.

Esta es una de las claves de la duración del régimen. Medio siglo de control político férreo ha sido también una era de monopolio de la crítica, pero no de su anulación.

La diplomacia es una de las esferas más exitosas de sus ciclos de apertura. Detienen alrededor de setenta disidentes en el 2003 y luego ganan favores y buena voluntad con las diplomacias europeas concediendo la libertad de dos o tres presos por semestre. Esa cuota de concesión de libertades permite, a ese ritmo, obtener la buena voluntad de varias cancillerías durante, por lo menos, diez años. Lo que no evita que todos los semestres la cantidad de personas que son detenidas sigan creciendo.

Esto es lo que a veces no entienden los actores y observadores externos. El renacimiento del discurso aperturista con la liberación de dos o tres disidentes, no es una novedad en la isla, sino la regla.

La gestión de la apertura en estos últimos meses incluye la compra libre de medicamentos, celulares, microondas, aumentos por productividad, reforma agraria, acceso a los hoteles, pero no toca lo principal, las libertades políticas. Para los demócratas, el indicador de la apertura es la situación de los disidentes, no los discursos del régimen, y los disidentes siguen detrás del cerrojo.

La lógica del cerrojo

La cadena que encierra a los que se han opuesto a la dictadura está formada por una serie de eslabones argumentales que el estado cubano sostiene en lo discursivo y sus jueces ratifican. En las democracias, la policía es auxiliar del poder judicial, mientras que en las dictaduras es el poder judicial el auxiliar de la policía. Y quizás el principal servicio auxiliar que los jueces le hacen al régimen es escribir esos fallos con los qué se entierra un disidente en la cárcel. Fidel o Raúl pueden decidir con un monosílabo el encierro de una persona, pero el juez deberá utilizar un borbotón de palabras para poder darle la vestidura legal.

Al revisar los textos de las sentencias penales contra los periodistas independientes en Cuba queda expuesta una férrea cadena argumental de cinco eslabones, que desmiente desde el núcleo de un sistema de poder, que es el poder judicial, toda apertura.

El primer paso de los jueces es verificar que el sujeto acusado por la policía política es un “desafecto”, e irrecuperable crítico del régimen. Su biblioteca será una de las pruebas irrefutables de su desafección, por lo que los disidentes son detenidos junto con sus libros y papeles. La duda es si esas enormes bibliotecas que la policía acumula son destruidas.

El segundo paso es comprobar que ese acusado, no solo es crítico, sino que intentó difundir su desafección. Para ello se citan artículos producidos con evidente mala intención, como por ejemplo, “Problemas económicos obligan a posponer el Festival del Cine Pobre”, “Arrestado médico cubano que alertó sobre el dengue” o “Muere joven por negligencia médica”. Estos y otros artículos sirven para, cito al juez, “desvirtuar las realidades cubanas en cuanto a todo tipo de logro obtenido” pues han estado “desacreditando el prestigio de los dirigentes”. Al fotoperiodista Omar Rodríguez Saludes, condenado a 27 años en el 2003, el juez lo acusó porque “fotografiaba lugares que por su estado daban una imagen distorsionada de la realidad cubana”. La astucia de los magistrados repara en el sesgo evidente de esos periodistas: “nótese como ninguna de las denuncias revisadas y que obran acreditadas documentalmente se refieren a los logros obtenidos por nuestra Revolución Cubana”.

El tercer paso es deducir que el periodista disidente hace público su descontento para promover la división social. El valor de la unidad lleva cinco décadas cristalizado en Cuba por la amenaza de invasión. Los comandantes llevan uniforme. La metáfora del pueblo en armas sirve para reprimir a todo el que se mueve de la fila. Un juez castigó a estos periodistas porque “todas estas denuncias maliciosamente tergiversaban la realidad cubana e instaban a la indisciplina social, así como a crear un ambiente de conflictos y de desobediencia civil”, y otro los acusó de “crear un estado de opinión que pone en peligro la estabilidad de la nación”.

El cuarto paso es suponer que después de la división viene la rebelión. Los jueces de la sociedad cerrada sostienen que estos periodistas críticos son parte de “una desenfrenada carrera de hostilidad a nuestro sistema social y de lograr el derrocamiento de nuestro gobierno”, y están “buscando desestabilizar y destruir desde adentro a la Revolución Cubana”.

El quinto y último paso es inferir que la rebelión lleva a “liquidar el estado socialista”. Y dado que los cuestionamientos que difunden los periodistas llevan a ese objetivo, es necesario criminalizar ese proceso crítico.

En realidad, sería un sueño para los periodistas disidentes que se cumplieran las expectativas de esos jueces penales, que su palabra opositora se abriera paso entre los cubanos hasta convencerlos de que es el momento finalmente de construir una sociedad democrática.

Pero los guardianes de la sociedad cerrada se mantienen alertas. En estos últimos cincuenta años Cuba no ha parado nunca de exiliar cubanos, tanto por ser dictadura como por ser un país subdesarrollado. En los últimos meses se han fugado diplomáticos, estrellas de televisión, siete jugadores de la selección de fútbol sub 23 y un entrenador, dos de la selección mayor, y hasta boxeadores olímpicos. Y parece estar creciendo la fuga más dramática, pero más silenciosa, de los que cruzan el mar de la muerte que separa a la isla de las penínsulas de Florida o de Yucatán, en México, o de alguna zona de la costa centroamericana. Son aquellos que pudieron escapar sin ser vistos por los creativos destacamentos Mirando al Mar, innovación poética de la máquina represiva. Los cálculos sobre los cubanos muertos en el intento son diversos, pero hay certeza de que desde diciembre del 2007 murieron por lo menos setenta personas.

La dictadura argentina comenzó a hablar de apertura en marzo de 1977, la brasileña quince años antes de abandonar el poder, al igual que los militares chilenos, que pautaron una transición que iba a durar veinte años. Los autoritarismos conciben la palabra “apertura” como una forma para ganar tiempo.

Las familias cubanas están radicalmente divididas en tres espacios: la isla, el exilio en sus diferentes formas, y el cementerio. Hasta el momento, la apertura que llevará a la unidad de la nación todavía no comenzó, a pesar de lo que dice la prensa internacional.